The Flying Eyes en Club V: La despedida perfecta

Crónicas
The Flying Eyes en Club V: La despedida perfecta
Texto: Roma Marcaletti

La música transporta y convierte una expresión humana en una actitud colectiva. Algunas se usan a caprichos del mercado, mientras otras más intrépidas, lo hacen en contra queriendo o no. Las bandas que emergen desde géneros difíciles de escuchar son las que más saben recorrer los caminos menos apreciados, volviéndose casi un culto. Pero no les es fácil llegar, sino todo lo contrario. Razón por la cual, al hacerlo, se consagran y pasan a ser una gran banda más del montón. Hoy en día, habiendo tanta información de por medio, accesibilidad a la creación de arte y reproducción del mismo, hacer música parece fácil, pero hacer buena música se logra una vez cada tanto. Hablemos de lo que pasó el lunes doce de febrero en ClubV. Una excelente banda que supo emerger de la nada, reinventando sus influencias, peleando contra su entorno y el mercado, llegó a dejar un legado que jamás se le va a poder discutir. Cuatro tipos normales, que llevaron adelante un proyecto durante diez años, dijeron basta y aquella noche WYWH fue testigo de por qué la música se convierte de a poco en una razón, y no un medio.

Alrededor de las once y media, subía al escenario Luciferica. Grupo stoner, doom con mucha magia instrumental, conformado por Kala  (Batería), Lucas Castro (Guitarra) e Ignacio De Tommaso (Bajo). Primer encuentro con el deleite de dejarse llevar por armonías que suben, bajan, se acoplan, se alargan y se arrematan como torbellinos. Con la dureza de una voz y la agresividad que vuelve para despertar. Exactamente una hora después Tricomas, se hacía paso con su trío power conformado por Matías Merlo (Bajo y Voz), Joaquín Acuña (Guitarra) y Lionel Fortunato (Batería). Influencias antiguas que rezan la admiración de un viejo blues como el de Pappo o el de Pescado Rabioso, y en donde la voz y la letra tienen un peso muy importante. Como no podía ser de otra manera, Ambassador es la convocada por Noiseground para cerrar el ciclo de bandas teloneras. Unos de los mejores exponentes del Heavy blues locales, proyecto en el que Emiliano (Bajo), Kala (Batería) y Maxi (Guitarra y Voz) llevan adelante hace tiempo y con fuerza van teniendo cada vez más seguidores.

Casi pasadas las dos de la mañana. Club V estaba casi lleno, no demasiado para ser sinceros. La noche ya era de por si rara, fresca pero no del todo. A lo lejos un tumulto de gente celebraba los carnavales, dejando otras calles casi vacías. Era la despedida de una gran banda y pocos sabían lo que eso significaba. Quizás ni ellos mismos que se lo tomaban todo tan natural, como el hecho mismo de estar en otro país y charlar o sacarse fotos con sus seguidores. WYWH tuvo la posibilidad de tener una pequeña conversación, antes del show, con el baterista Elias Schutzman y con el bajista Mac Hewitt, y estas fueron las tres respuestas que nos brindaron con total amabilidad.

WYWH: Hola Chicos, antes que cualquier otra pregunta o comentario, lo obvio: ¿POR QUÉ?

Las miradas a la nada, debajo de sonrisas que no se conectan entre ellos, sino en el interior de cada uno, como si la respuesta no fuera una sola y tuviese un carácter mucho más individual que grupal. Luego de pensarlo, Elias responde:

TFE: Supongo que somos de los que creen que una banda debe desaparecer en su mejor momento. Ya llevamos mucho tiempo haciendo esto juntos, o al menos es el tiempo que creemos de dejar ir este proyecto que tanto amamos, y tantas satisfacciones nos ha dado. Dimos tanto de nosotros en nuestro último álbum que quisimos que eso fuera el broche de oro.

WYWH: ¿Esta va a ser la última vez que toquen o se los va a ver en otro lugar?

Mac: No, tenemos planeado a mediados de año, más o menos por mayo, asistir a un festival en Alemania. Luego retornar a nuestro hogar, Baltimore, y allí brindar nuestro último show definitivo. Pero en Sudamérica, si es la última vez. Cada lugar del mundo tiene su público particular, vamos a extrañarlos.

WYWH: ¿Algunos de ustedes van a seguir con otros proyectos?

Elias: ¡Sí! ¡Definitivamente! Estén atentos porque, tanto Will Kelly (Voz y Guitarra) como Mac, van estar presentando cosas muy interesantes a fines de este año, cada uno por caminos distintos.

Y horas más tarde estaban en el escenario, como dijimos anteriormente, casi pasadas las dos de la mañana. Literalmente el clima se vio envuelto en una atmósfera distinta, como si la densidad del aire supiera la intensidad de las ondas sonoras iban a colisionar en un apego áspero. No vamos a repetir en palabras lo que todos suelen describir del viaje, en términos de influencias pasadas, como si uno se teletrasportara a décadas pasadas. Se puede jugar con eso, pero no se puede transmitir sino se tiene la sensibilidad para captarlo. Lo que aprendimos esa noche fue que no es cuestión de armar una fecha para que te vayan a ver. Es tener una razón para que la música sea la conectora entre personas y dicha creación.

Repasaron los temas de sus últimos tres álbumes de estudio: Done So Wrong (2011) y Lowlands (2013) y Burning Of The Season (2017). En el caso de Fade Away, la voz de Will, emanaba de su cuerpo con total naturalidad, cerrando los ojos, con cierta profundidad que no aspiraba a la agresividad pero que al mismo tiempo no se mostraba débil. Cierta parte del público también cantaba y se puedo suponer que la totalidad de los presentes lo hacía en su interior. Adam Bufano (Guitarrista), por su parte, lograba mantener la psicodelia propia del blues con una agresividad justa, sin perder el equilibrio, como lo sucedido en el hermoso caso de Oh Sister, unos de los mejores momentos de la noche. Por su parte, la fuerza de Elias se vio con contundencia en Circle Of Stone, que generó un silencio ensordecedor pactado entre público y banda que parecía hablar un idioma profundo.

Todo sucedió en una hora, pausada por un breve intervalo de apenas dos minutos, para luego retornar y terminar con Winter, paradójicamente, la primera canción que compuso la banda. El EP grabado allá por 2009, cerraba el marco de su gira por Sudamérica y marcaba un ciclo, una historia, y quien sabe, un legado dentro del rock psicodélico.