Festipez en el Konex: Un amor de Familia

Crónicas
Festipez en el Konex: Un amor de Familia
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: José Becerra

El clásico festival de verano encabezado por Pez volvió al patio del Konex con el espíritu de diversidad y diversión que lo caracterizó desde sus inicios. He aquí un recuento de lo ocurrido, que esperamos que sirva para ilustrar las virtudes de uno de los actos en vivo más interesantes que podemos seguir encontrando en la escena del rock local.

El clásico festival de verano encabezado por Pez volvió al patio del Konex con el espíritu de diversidad y diversión que lo caracterizó desde sus inicios. He aquí un recuento de lo ocurrido, que esperamos que sirva para ilustrar las virtudes de uno de los actos en vivo más interesantes que podemos seguir encontrando en la escena del rock local.

Se podrían usar cientos de lugares comunes para definir la actualidad de Pez, pero lo cierto es que no tiene mucho sentido darle vueltas a un asunto harto conocido. Que siguen vigentes después de tanto tiempo, que tienen canciones y discos por doquier, y mucho más. Lo cierto es que el Festipez ya se ha convertido en un clásico de los veranos en el Konex, y sigue manteniendo su marca registrada, basarse en la diversidad para convocar bandas soporte, darles un tiempo decente para desplegar sus virtudes y estirar la cosa hasta la tarde noche para terminar cerrando con un recital principal bastante extenso.
 
Lo primero que hay que destacar, aunque no sea una enorme sorpresa, es la puntualidad con la que todo se desarrolló. Las puertas abrieron por la tarde y ya para eso de las 17 horas estaba tocando la primera banda, a cargo de Flopa Lestani, Luciano y Mariano Esaín, y Federico Ghazarossian. Como llegamos un poquito más tarde, apenas alcanzamos a ver el final del show, de modo que ofrecemos las disculpas pertinentes. Debe haber sido un show interesante, teniendo en cuenta los nombres mencionados y por supuesto, de ser ya clásicos colegas de del frontman de Pez en aquel Flopa Manza Minimal de hace un tiempo atrás. No hubo que esperar demasiado para que comenzase el show de Científicos del Palo. El trío marplatense, conformado por José San Martín en voz y guitarra, Carlos Andere en bajo y Sebastián Quintanilla en batería, estaba próximo en la lista, e invitaron a un lugar que comenzaba a llenarse de modo casi constante a presenciar un show de más de media hora, en el que supieron regar al público con un rock que tiene bastante anclaje en el funk y el reggae. Es una banda que se identifica mucho con lo social y el justicialismo, de modo que fueron una inclusión a la grilla que no causó sorpresa por ese lado. Si de gustos hablamos, la voz estaba un poquito detrás de la parte instrumental, pero debió tratarse de una situación particular del show. 
 
Tras otra breve espera, la orquesta de señoritas conocida como Las Taradas se hizo presente ni bien habían pasado unos minutos de las 19 horas. Ataviadas con colores vivos y variados, y organizadas en una gran línea de ocho, cosa que el gigantesco escenario del Konex permite, las tigresas de la música bailable hicieron soltar la cadera y los pies más de un patadura. A rasgos generales, y por haberlas visto en otra ocasión, no resultaron una sorpresa para uno, pero si para muchos de los presentes. Su música tiene raíces en los 40’s y los 50’s, si tenemos en cuenta que hacen versiones muy originales de canciones de esos tiempos, pero lo cierto es que también tienen temas propios que van por ese mismo camino. Paula Maffía (voz, ukelele, acordeón, etc), Lucy Patané (guitarra y voz), Lu Martínez (bajo y voz), Nati Gavazzo (percusión y voz), Ana Sol Torroixa (congas y timbaletas), Rosario Baeza (violín y voz), Marcela Galván (clarinete y saxo) y Jeanette Nenezian (trompeta) forman este grupo en actualidad, y si bien pueden contar con alguna que otra suplencia, vienen tocando con cierta asiduidad para públicos grandes y variados en composición, justo lo que el Festipez requiere. Canciones como “Que no, que no”, “Amor en bancarrota” o “La Preferida” pueden ser diferentes entre sí, pero tienen ese diversidad de voces presentes, y la capacidad instrumental que pueden ejercer. En fin, una verdadera orquesta que pueden disfrutar. Hubo una notable mención a favor del aborto legal, seguro y gratuito que fue muy aplaudida por todos.
 
Tan solo faltaba el coctel principal de esta noche tempranera de verano. Un poquito de espera para ver a los gigantes. Pasadas las 20 horas, Ariel Minimal, Franco Salvador, Fosforo García y Juan Ravioli, volvieron a un escenario que ya les es conocido, para darle música a un público que ya los trata, como mínimo, como familia. No es de extrañar que el lugar estuviese lleno, tampoco esa particular conexión del público con la banda, o que la lista fuese de veinticinco temas. Tampoco la puntualidad, el excelente sonido, o el virtuosismo de los músicos. Todas estas cosas son fáciles de encontrar con esta banda, pero eso no quiere decir que no faltaran sorpresas. Reinó un clima veraniego de buen humor, de comunión familiar, de un publico que aprovechó el carácter ATP para llevar a sus hijos, a sus parejas, etc. Habría que ahondar mucho más para ver si se repiten cosas similares con otras bandas, pero tampoco es algo que tenga mucho sentido hoy en día. 
 
Enfocar en el aspecto particular de la lista, obliga a destacar la variedad elegida, pero eso tiene mucho que ver con que es una banda veterana con un montón de excelentes discos editados. Tal vez no sea sorpresivo que hayan elegido interpretar “El Almaherida”, que podría considerarse un tema propio ya que fue creado bajo el manto del proyecto que antes mencionamos y que tuvo como protagonistas al propio Minimal junto a Manza y Flopa. Lo que si destacó fue la elección del otro cover, una excelente versión de “La Parabellum del buen Psicópata” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que tuvo el sello propio de Pez. 
 
No queda mucho más por decir, solo repetir que el Festipez es un clásico saludable y que no falla, que se disfrutó mucho de la ocasión y de la elección de bandas, y que esperamos que se haya convertido ya en una tradición digna de repetirse muchas veces más.
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