Gritos de verdad y Justicia

Reseñas | Bandera de Niebla "Territorio del Silencio". Inerme discos. 2017
Gritos de verdad y Justicia
Texto: Carlos Noro

Incómodo y molesto podrían ser tranquilamente los dos mejores adjetivos para definir de qué se trata El Territorio del Silencio, segundo disco de la banda que muestra a Adrián Outeda, a Hernán Espejo, Ignacio Brizuela y Martín Méndez profundizando la idea de lo que suyo va por el lado del crossover, una decisión coherente para una obra que abre al juego para la aparición de varios subgéneros. En este contexto el disco transpira y grita hardcore, punk, thrash y heavy metal de los ochentas sin un orden específico, en catorce canciones en donde la rabia y el enojo está a flor de piel. Aquí la idea es escupir verdades y despertar a las masas a un ritmo veloz y frenético.

No por nada el inicio del disco luego de la intro densa y pesada “Velocidad reducida” es para “Joven Matusalén”, una canción que a las chapas presenta con furia lo que va a venir. La distorsión vieja y latosa mezclada con la voz de Outeda sorprendentemente parecida a la de Claudio O´connor, cuenta la historia de un joven viejo para quien la vida no tiene sentido y marca del ritmo de canciones como “Corto y Patético” que desde su literalidad resulta efectiva, “Rumiantes” que vomita la quietud el conformismo social y “¿Qué parte de la luz?” que describe la explotación de la clase trabajadora. En esos momentos, el grupo da rienda suerta a la velocidad con un sonido que recuerda a las ochentas en su concepción y que tranquilamente podría citar al primer Motorhead en cuanto a idea general, acelerando sin miedo para gritar verdades.

Precisamente a lo largo del disco, se escucha el enojo de quienes y han vivido un largo trecho vital y musical (recordemos que los integrantes han sido parte de Vrede, N.D.I, Satan Dealers y Dragonauta entre otros) pero que siguen creyendo que la música es una manera válida de dar cuenta de la disconformidad frente al sistema que nos oprime. Entonces no estaría mal ubicar a “Territorio...” en la tradición de música de protesta que ha ido construyendo la música pesada argentina a lo largo del tiempo. Por eso no sorprende que “1000 barcos viejos” tenga un aire rockero que hace recordar a Massacre pero que está a años luz en cuanto a postura política ni tampoco resulta soprendente la incorporación del temazo de Baron Rojo “Resistiré” con una versión desde lo musical casi igual a la original y con los verbos argentinizados como era esperable. Aún más claro es el cierre del disco con “El interventor” capaz de profundizar las influencias del heavy metal de los ochentas, con una canción bien ganchera que termina por decirnos que a pesar de que el tiempo ha pasado, algunas cosas cambian. Discos como estos permiten entender que quejarse y gritar verdades es una herramienta válida para intervenir en la realidad. De esta manera, El Territorio del Silencio quedará ocupado por gritos de verdad y justicia. Ojalá asi sea.