Epica en el Teatro Flores: Entre el calor de la multitud

Crónicas
Epica en el Teatro Flores: Entre el calor de la multitud
Texto: Roma Marcaletti

Entrar al Teatro Flores, un domingo a la noche, y encontrarlo atestado de gente tal vez puede ser algo sorpresivo para lo tiempos que vivimos. Cientos de personas se arrimaban al escenario, bañado en una luz violeta y con las cortinas abiertas. Acalorados, ansiaban la aparición de Simone Simons (Voz), Mark Jansen (Guitarra y voz), Isaac Delahaye (Guitarra), Coen Janssen (Piano y teclados), Rob van der Loo (Bajo) y Ariën Van Weesenbeek (Batería), a los gritos. Demasiado quizás, para una agrupación con un formato exitosamente armado y que viene repitiendo lo mismo durante años. Pero la música tiene estas fantasías surrealistas de gritos guturales, coros en latín y dramatismo sinfónico, que llegan como un cuento de hadas y física cuántica.

Nueve de la noche, Eidola (The Holographic Principle, 2016) aparecía de la nada como señal de inicio. Detrás de ella sobrevino Edge of the Blade (The Holographic Principle, 2016), y el escenario se llenó gracias a cada uno de los integrantes, junto con los aplausos y las ovaciones de la gente. El teatro cobraba vida en un instante con la fuerza del calor humano que derretía las paredes. Aumentó aún más la tensión cuando revivieron uno de sus temas más conocidos Sensorium (The Phantom Agony, 2003), elevando los puños al aire, creando el primer punto de climax más evidentente de la noche. La puesta en escena era simple, los movimientos en el escenario por su parte dinámicos y programados, no hubo errores, todo se escuchaba bien (algo no menor para un grupo con ciertamente pretencioso en cuanto a musicalidad y arreglos). El diálogo arriba de las tablas entre los músicos, y abajo interactuando con el público, era afectuoso y hasta divertido por momentos.

La noche continuaba su curso en una atmósfera mística, que envolvía a la oscuridad y le daba un aspecto antiguo con Dancing in a Hurricane (The Holographic Principle, 2016), embriagando a los espectadores con la voz de Simone. Otro gran clásico que estuvo presente fue Cry for the Moon (The Phantom Agony, 2003), momento en el que literalmente la muchedumbre ceñida en el calor sofocante explotó. Llegando al cierre de la segunda parte, Once upon a Nightmare (The Holographic Principle, 2016) dio lugar al momento emotivo de la noche, cuando Coen guíó al público hasta lograr que alce los brazos con sus cámaras, creando un mar de luces, hasta quedar todo completamente a oscuras. De repente el Teatro fue como un gran cielo hasta el punto de lograr recrear, si una se dejaba llevar por la imaginación, las últimas estrellas en el cielo durante un amanecer, siendo las luces de los celulares estrellas fugaces. Hermoso momento creado por la banda y su público.

Diez de la noche, antes de dar comienzo al Encore, Coen vuelve esta vez junto a los otros guitarristas pero a jugar con el público: en un intercambio de cantos que provenían de la gente entre una base improvisada de los músicos. Simone reaparece y da lugar a las últimas tres canciones elegidas para finalizar su único show en Buenos Aires, Sancta Terra (The Divine Conspiracy, 2001), Beyond the Matrix (The Holographic Principle, 2016) y Consign to Oblivion (álbum con el mismo nombre, 2005).

El cierre nos dejó una noche donde no faltaron los gritos fanáticos, ni las botellas de aguas que repartían los de seguridad a los que estaban colmados contra las vallas. Una noche de excesos y de pasiones. Una noche difícil de olvidar y solo para fanáticos.