FIREWIND en The Roxy: De guitarras y batallas griegas

Crónicas
FIREWIND en The Roxy: De guitarras y batallas griegas
Texto: Roma Marcaletti

Dotados de títulos como bardos y trovadores, aquellos que escriben e imprimen las memorias de la historia humana continúan forjando las puertas de la inmortalidad sobre hazañas de héroes y grandes batallas. En los últimos tiempos la narración de tales cuentos ha sido adoptada por muchas bandas prominentes del rock y mental, pero para Firewind el pasado se ha convertido en fuente insaciable de inspiración y medio de virtuosismo. Su llegada a tierras desconocidas, a través de su nuevo trabajo tras cinco años de ausencia, fue perseguida por altas expectativas, todas las cuales fueron cumplidas y superadas.

Pasado seis de marzo en The Roxy. La noche ya había arrancado perfecta para los presentes, tras haber disfrutado de dos bandas nacionales de gran talla, como lo son Wachtmen y Helker, en un ambiente ameno, casi familiar, todos aguardaban en cálidas charlas, la llegada de los griegos arriba del escenario. Casi las nueve subían al escenario, en medio de la narración dominante de Ode to Leonidas (Immortals, 2017), Gus G. (Guitarra), Petros Christo (Bajo), Bob Katsionis (Teclado y Guitarra), Johan Nunez (Batería), y más tarde Henning Basse (Voces).

La gira Immortals: South American Tour 2018, abarcó una gran cantidad de contenido de su nuevo álbum conceptual del mismo nombre: fiel a los relatos de las antiguas victorias griegas contra las fuerzas persas en 480 a. C. La otra mitad de la setlist incluía una selección de temas que definen los discos más importantes de su carrera. Aun así, del nuevo trabajo los temas como We Defy y Hands of Time se sintieron tan vitales como los clásicos Head up High (The Premonition, 2008) y The Fire and the Fury (Burning Earth, 2003). Mientras tanto, dentro del torbellino de puños al aire, que moría en cada letra y se perdía en el tiempo, convivía un público nuevo junto a los antiguos fanáticos que no habían escuchado a Firewind por media década, y que todos juntos tenían la posibilidad de disfrutarlo por primera vez.

La destructora guitarra de Gus G dominaba la noche, incluso tras los tonos más suaves de Lady of 1000 Sorrows (Inmortals, 2017) que no estaban a salvo de su presencia indomable. Por su parte, Between Heaven and Hell (disco del mismo nombre, 2002) palpitaba entre la gente a través de gritos y pogos, y Tyranny (Forged by Fire (2004) dejaba una marca intemporal en el presente, generando la increíble armonía que ha orquestado dentro de la banda a su propio diseño. Lo que se presentaba hasta aquí era una banda altamente revitalizada que ha optado por presentar una base de la vieja escuela del heavy metal, concentrando el foco en la energía de Henning, quien ahora aportaba una atmósfera más ruda y profunda, lo que proporciona la personalidad necesaria para darle nueva vida a esta bestia del metal. Pero sin duda alguna la metamorfosis clásica necesaria para transportar las almas hacia las puertas del Inframundo, fue expuesta por la habilidad de Bob en los teclados al interpretar sólo un extracto de la obra clásica Tocata y Fuga en D menor del compositor barroco alemán Bach.

Tal vez fue el respeto y el cariño con el que los músicos trataban a sus fanáticos, o el show con coreografías y números de acrobacias guitarrísticas, o quizás cerrar su inesperada cita en Argentina con Gus G abajo del escenario, entre el público tocando la guitarra, lo que hizo que muchos al salir de The Roxy quedarán aún con una sonrisa dibujada en su rostro. Pero queda la imagen en el pasado de Henning, visiblemente desconcertado ante la respuesta de la gente, mientras Gus G ponía una mano tranquilizadora sobre su hombro, lo que va a perdurar como las mismas historias que ellos hilan. La realidad para los griegos golpeaba toda la sala llena de aplausos y ovaciones, porque sin importar cuánto tiempo hayan estado en este negocio, esta era una experiencia que afirma la vida de Firewind.

Una noche inolvidable de guitarras y voces melodramáticas, no es de extrañar que el Inframundo haya sido el escenario perfecto para enviar de regreso a los agotados admiradores en su viaje por el tiempo.