Nargaroth y Belphegor en Uniclub: Golpeando las puertas del infierno.

Crónicas
Nargaroth y Belphegor en Uniclub: Golpeando las puertas del infierno.
Texto: Roma Marcaletti

Dos de las bandas europeas más emblemáticas del black death metal, cruzaron aguas oscuras para embarcarse en una cruzada que los llevaría por casi toda Latinoamérica. Viaje oportuno para mostrar ante cientos de fanáticos, en cada caso, sus últimos trabajos y esparcir su mensaje de inconformidad por todo el mundo.

Abrir la puerta negra del infierno y encontrar en él cientos de personas con los ojos pintados de negro, atuendos de plástico, miradas desafiantes, era extraño. El calor y el olor a cerveza derramada, conforme iba pasando el tiempo, se volvía natural. Para quien no acostumbra este tipo de género, era lo más parecido a sentirse en una de esas películas malas de Hollywood en la que la trama se centra en sectas satánicas. Pero con el tiempo, uno entiende que como el séptimo arte, la música también es una manera de entretenimiento. Y por eso decidí dejarme llevar. Primero aparecieron sobre el escenario, una tras otras, tres bandas nacionales, recreando cada una un repertorio más o menos de cinco o seis canciones: Suplicio, Moferus y Nuclear Sathan, dejando Uniclub bastante lleno.

Tras una rara espera, siendo casi las nueve, aparecía en escena Nargaroth encabezada por Ash. El público se arremolinaba como una tempestad y caía a sus pies como un manto agonizante de manos. Así el primer sacerdote de la Misa Negra, empezaba a vomitar parte de su último trabajo Era Of Threnody (2017), entre las cuales estaban los temas Agony y Whiter goest thou Conjuction. Para cuando llegó el turno de los clásicos, Hunting Season (Prosatanica Shooting Angels, 2004) y Abschhiedsbrief des Prometheus (Rasluka Part ii, 2002), la gente se apilaba y gritaba casi como si estuviera aullando. No quedaba claro si lo estaban disfrutando o si se sometían a un autosacrificio frente a los demonios. La noche estaba en ese límite de la parodia o esperar a que la tierra se abriera en dos y ver cómo del centro de la de ella aparecía el mismo ángel negro. Algo ocurrió con Seven Tears are Flowing to the River (Black metal ist Krieg, 2001), esa sensación de extrañismo se disipaba y se dejaba llevar por el simple y continúo riff que llegaba sensiblemente al alma (y que más tarde descubre la hermosa letra que detrás esconde, no sólo de la rudeza sino de las máscaras y maquillajes).

Pasadas un poco más de las diez, en un Uniclub ya no entraba un alma más, pero mágicamente seguían entrando y haciéndose lugar en el infierno. Una vez programado el sonido, la puesta en escena se pone a aún más dramática y teatral. Las cruces invertidas, las calaveras, las serpientes y el maquillaje aún más acentuado. Todo bajo una pista de voces oscuras y siniestras, como si de empezar el ritual se tratara. Belphegor, los austríacos liderados por Helmuth, presentaban parte de su última producción Totenritual editada en 2017 por Nuclear Blast. Totenkult- Exegenis of Deterioration, Baphomet y The Devil´s Son, fueron de los temas elegidos para promocionar dicho disco. Y lo que luego siguió del extenso repertorio de más de diez temas, fue un repaso de los grandes discos de la agrupación a lo largo de su carrera: Stigma Diabolicum (Bondage goat zombie, 2008), Lucifer Incestus (Albúm del mismo nombre, 2003) y Gasmask Terror (Conuring the Death, 2014) y cerrando con Diaboli virtus in lumbar est (Lucifer Incestus, 2003).

Una noche profunda y violenta, de imágenes y sonidos que provienen del lado oscuro del hombre. Quizás una noche que se mezclen los sentimientos, porque detrás de toda coraza hay quienes hablan de algo más que simples cosas. Mensajes sobre destrucción que nace desde un sistema que nos reduce y nos oprime. Los sentimientos de furia, muertes, asesinatos y desamor. Una forma distinta de acercar el alma a quienes se sienten identificados. En un infierno dentro de otro infierno.