De Folclore, naturaleza y música electrónica.

Reseñas | Diego Martez “Lo Perdido”. Concepto Cero. 2017
De Folclore, naturaleza y música electrónica.

Además de tener una bellísima gráfica que muestra a nuestro protagonista en un claro intento por emprender el vuelo, “Lo perdido” tal vez es un disco en el que, paradójicamente, hay una búsqueda consciente por emprender nuevos caminos tantos musicales, como subjetivos. Tal vez por eso el inicio con “Fuego eterno” sea como una especie de epifanía que a simple vista tiene un significado universal pero termina teniendo una dimensión íntima. Cuando llegue el monstruo de mi mente /agarrá mi mano fuerte canta Diego en medio de una atmósfera épica que hace convivir con maestría dos mundos a simple vista disímiles: lo folclórico mediante a instrumentos autóctonos y lo electrónico mediante a la presencia del Theremín, lo que genera una interesante síntesis entre dos universos a simple vista incompatibles.

“El Viento al fin serás” con la presencia de Charon Bogarín de Tonolec lleva el sentido hacia el folclore latinoamericano. La mitad del mundo medio muerto/ hace tiempo pierde el tiempo/ en odiar en vez de amar cantan repartiéndose las voces en lo que tal vez sea el momento más intenso del disco. La idea de transformación y de la posibilidad de consubstanciarse con la naturaleza parece ser la propuesta poética para conjurar la frase citada. La sensación es que la fuerza de la canción lo hace posible. “Canción al río” tranquilamente podría ser una baguala electrónica y lo es principalmente porque entre la tonada que atraviesa la canción y la base eléctronica que la sostiene hay un interesante contraste que permite pensar tanto en lo urbano como en lo silvestre. Más tarde “Oculto” con la presencia de Sofía Viola en voces, recorre el mismo camino pero para relatar un desamor que a dos voces tienen un hermoso marco masculino – femenino, por lo que logra una íntima intensidad más que atrayente.

“Inundación” es la canción elegida para inaugurar una segunda parte del disco donde de alguna manera se potencian algunos estados insinuados en la primera. La orquestación bamboleante que propone esta canción (tal vez una metáfora de la llegada del torrente de agua) de alguna manera parece hermanada con lo que logra “Lo Perdido”, una especie de ejercicio vocal junto a Shaman Herrera (también productor del disco) que presenta una búsqueda onírica y corporal de sentidos. “Empieza” lleva el sonido hacia el post rock y al shoegaze sin por eso dejar de lado la presencia de naturaleza como metáfora de cambio y de reinvención. Si aquí el viento es el que prefigura el cambio, en “Naufraga” es el vehículo para dejarse perder en el tiempo y el espacio. “Que traerán estos días” y “Fecunda” también funcionan como dos caras de la moneda y como un cierre calmo y sutil para el disco. La primera liga a Martez con Lisandro Aristimuño pero también con Raly Barrionuevo en la cadencia y el tono para dar cuenta de que lo cotidiano debe disfrutarse o de lo contrario la imaginación es la mejor manera de salirse del día a día. La segunda es un cierre introspectivo donde el encuentro con la naturaleza tal vez sea el camino necesario que debemos atravesar para entender que nos pasa.

Al principio hablábamos de que “Lo perdido” propone una búsqueda donde los caminos están por abrirse. A lo largo del disco algunas cosas perdidas, parecen encontrarse. Durante diez canciones el folclore se transforma, se resignifica pero sigue teniendo el contacto con la tierra y con la naturaleza que distingue su historia. Volver a la naturaleza, tal vez sea el camino. El resultado es una propuesta más que atrayente para los tiempos que vivimos.