Ariel “Minimal” Sanzo en Ultrabar: Un paseo por el propio universo.

Crónicas
Ariel “Minimal” Sanzo en Ultrabar: Un paseo por el propio universo.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dallacia

“Hola soy Ariel y esta es mi guitarra. Se llama Catalina” fue la manera que eligió Ariel “Minimal” Sanzo para dar cuenta de lo que sucedería durante más de dos horas. Lo ciertos es que sin la electricidad de Pez y con la guitarra criolla como estandarte, cada canción fue una sutil e intensa manera de conocer cara a cara el universo cotidiano y algo de la historia en la que Minimal se desenvuelve día a día.

 En este contexto las primeras palabras entre canciones anunciaban que se tenía un plan para desarrollar a lo largo de la noche, pero que de alguna manera ese plan no sería respetado. Habría muchas canciones, pero ni siquiera el mismo Ariel sabría que forma y que interacción encontrarían entre si. Entonces este dejarse llevar por lo que fue sucediendo tal vez sea la mejor manera de definir lo que pasó entre las canciones y como ellas se hermanaron entre sí, más allá que a lo largo de la noche el mismo Ariel dejase en claro que utilizaba una especie de regla memotécnica musical que posibilitaba que los acordes finales de una canción se transformen en el inicio de la siguiente.

 

El evidente buen humor de Minimal (que tal vez sea percibido mucho más en este cara a cara que en los shows de Pez donde la cantidad de gente conspira para generar el acercamiento) hizo que todo sucediera con un nivel de soltura más que agradable, al punto de que hubo diálogos con el público, algún gesto medio gracioso a algunos que hicieron algún ruido y momentos insólitos como por ejemplo el escuchar la grabación de un mensaje de whatsapp de su hija pidiendo que le lleve un chocolate después del show; sin por ello afectar la continuidad del recital. Es más, canciones como “Recordar es aprender”, el estreno de “Sereno” o “Betie en el desierto” de Pez por citar algunas, sonaron sencillas y transparentes, dando la pauta de como el estado de ánimo influye en la manera en que la interpretación cobra vida

 

En esta quimera de recordar una inmensa cantidad de temas que pueden interpretarse (entre Pez, solistas y proyectos conjuntos suma más de veinte discos donde intervino con su autoría) Ariel fue atravesando con soltura y honestidad lo sucedido a lo largo de la noche. Aunque parezca increíble, poco importó para el público presente (un Ultra Bar lleno) que las letras de algunas canciones fueran modificadas, que no sean recordadas en su totalidad o que algunos acordes no sean perfectos. Sin lugar a dudas ese no es el objetivo que persigue esta faceta solista de Minimal. Muy por el contrario lo que sucede desde el escenario está más cerca de un ensayo cara a cara que de un show en si, que en este caso en particular, terminó por darle una dimensión de cercanía que las mismas canciones desde su lírica y sus melodías también propusieron.

 

No es casual entonces que dentro de la inmensa lista (alrededor de treinta canciones) las que brillaron fueron aquellas que reprodujeron momentos más íntimos de la vida del cantante. "La máquina de hacer todo mal" fue la primera que propuso ese juego describiendo las malas (e inconscientes) decisiones que alguien pone en funcionamiento a lo largo de su vida. La gente se prendió en el coro y potenció el momento, algo que luego sucedió no solo con las versiones de canciones de Pez (“Campos de Inconsciencia”, “Los verdaderos sonidos de la libertad” fueron ejemplos concretos) sino que cobró una hermosa dimensión en canciones como “Disimular” y “Monstruito” en donde la niñez se relató con una bella y conmovedora ternura.

Si bien la guitarra es donde las canciones hicieron pie firme, otra de las ventajas que tuvo este encuentro en soledad con Minimal fue la de apreciar toda la dimensión de su voz que inevitablemente construye una interesante armonía ligada a la tradición del rock nacional argentino, al punto de que en algunos remansos el timbre de voz recuerde a Juan Carlos Baglietto por citar alguna referencia que podría sumarse a las de Nebbia, Spinetta, entre otros. Lo interesante es que Minimal se hizo cargo de esto, lo que explicó que suenen “El n° 2 en tu Lista” de los Fabulosos Cadillacs y “Atado un sentimiento” de Miguel Mateos sin que queden descolgadas de lo que sucedió con el resto de las canciones. De ahí también viene su propia historia y él es primero en reafirmarlo al punto de que la versión de “Cabezazos contra la pared” de su banda de principios de los noventa,Martes Menta, tuvo una inevitable referencia a “Tirá para arriba” sin por ello resultar una parodia. La historia está para ser contada, pareció decir este conjunto de gestos con la elección de cada referencia al rock nacional y logró el efecto deseado: el público se enganchó participando vocalmente de lo que propuso la voz y la guitarrar. Incluso a la hora de interpretar “El mirlo”, algo de esto se puso de manifiesto, al punto de desnudar graciosamente que la canción estuvo inspirada en una versión de “Naranjo en Flor” tocada como zamba e interpretando las dos canciones para que quede claro que a veces la creación musical también propone estas dimensiones.

Gracias por venir a escuchar estas canciones, hablo en nombre de ellas” fue una especie de conclusión hacia el final de la noche antes de que una hermosa versión de “Compañera”, sumadas a “... Y el barco se llama Ganga Yamuna”, “El Viaje” y “Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar” de Pez entre otras, ponga un punto final a un show que terminó porque en algún momento debía terminar. La sensación es que Minimal podría haber seguido largo rato, pero el viaje por el universo de Ariel “Minimal” Sanzo tiene por ahora límites espacio - temporales. Más adelante veremos a donde nos lleva.

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