Glenn Hughes en el Teatro Flores: El secreto de la eterna juventud.

Crónicas
Glenn Hughes en el Teatro Flores: El secreto de la eterna juventud.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chilenean Skies Julio Celis Fredes.

Glenn volvió a argentina a revivir su época dorada con Purple. La voz del rock otra vez dio cátedra vestido de púrpura.

Ver un show como el que presentó Glenn Hughes en argentina deja en claro fundamentalmente uno cosa: el público argentino es especialmente nostálgico, por lo que le ofrezcan recordar el pasado es una de la mejores cosas que puede sucederle. De alguna manera esa es la mejor manera de explicar porque en la anterior visita del legendario bajista el teatro Vorterix estuvo lejos de llenarse (era un set que mezclaba canciones de sus discos solistas con clásicas) mientras que este Teatro Flores con entradas más caras lucía bien colmado.

 

Claro que para esta visita Glenn la hizo completa y bien. Volvió al pelo largo como en los setentas (natural o peluca no lo sabemos), prometió y cumplió con su promesa. A lo largo de la noche recorrió las mejores y más personales cancionea de Burn (1974), Stormbringer (1974) y Come Taste the Band (1975) en lo que fueron las formaciones MK III y MK IV de Deep Purple en donde llegó a compartir escenario con Coverdale, Blackmore y Tommy Bolin además de Lord e Ian Paice en lo que a priori parecía complejo de emular, especialmente porque como ha sucedido a lo largo de su carrera, los músicos de su banda suelen rotar incansablemente.

Entonces la gran sorpresa fue encontrarse con una banda a la altura de la circunstancias. El no casualmente muy parecido físicamente a Tommy Bolin, Soren Anderson en guitarra, Jesper Bo Hansen en teclados y especialmente Fernando Escobedo (un chileno de veinticinco años que su manager reclutó en por internet), en batería dieron un show descomunal frente a una parada dificil: las canciones de aquella época púrpura tienen un groove por momentos blusero, por momentos ligados al soul y al funk que precisan no solo técnica sino también de un feeling que los cuatro tuvieron con creces cuando les tocó actuar.

Claro que para que todo esto su cediera estuvo presente la enorme figura de Glenn que simboliza algo que tal vez solo el enorme Ronnie James Dio pudo emular. Cuando uno lo ve con sus 66 años cantando, gritando, bailando, gesticulando y agradeciendo se da cuenta de que eso es lo que lo mantiene vivo y joven. Sin exagerar el amor que deja y la maestría inmaculada con la que interpreta las canciones es conmovedora. Tal vez eso sea lo que haya convocado a aquellos que vinieron a revivir este Purple de los setentas. No exageramos si decimos que nadie puede mostrar este nivel de honestidad, profesionalismo y entrega sobre el escenario. Lo suyo es sencillamente conmovedor.

En este contexto algunas canciones podrían servir de fotografías para dar cuenta de un show que no tuvo altibajos pero que resaltó como era esperado en algunos momentos. La primera a destacar es la enorme y extensa versión de “Mistreated” en donde el soul y el blues se fundieron para generar un momento tan dramático como desgarrador. No mentimos si les decimos que el corazón de Glenn parecía salirse de su cuerpo destrozado para relatarnos esta especie de épica del maltrato. Pocos pueden llegar hoy en día a manejar los tiempos de la canción como él lo hizo en la noche de Flores. “You Fool no one” significó la explosión definitiva de la banda, en donde el hammond, la guitarra y la batería tuvieron la oportunidad de mostrar su potencialidad generando una especie de Califormia Jammin (emulando el legendario concierto de 1974 aunque sin incidentes) en donde “This time around” y “Holy Man” fueron hermosos homenajes a los desaparecidos Jon Lord y Tommy Bolin.

Una esperada versión de “Smoke on the Water”, derivada en una intimista versión de “Georgia on My Mind”, de Ray Charles fue otro de los momentos sublimes al igual que “You Keep on Moving” en donde el mismo Glenn se encargó de mencionar que era un tema simple pero que los temas simples son los que quedan en la memoria de la gente. Aquí el soul tomó protagonismo y dejó las puertas para los bises en donde todo terminó de explotar: “Highway Star” tuvo una versión tan potente como la del Purple de Gillan en las mejores épocas. “Burn” también, al punto de que Glenn pudo hacer de Coverdale sin problemas. El aplauso de cierre fue conmovedor y merecido ¿Cuántas veces podremos seguir viendo a este monstruo en argentina? Fue la pregunta que se repitió con insistencia en el ambiente. ¿Cómo hace para mantenerse así? Fue otra de las escuchadas. Tal vez sea nada mas y nada menos el rock lo que hace que se mantenga y que también vuelva. Lo recibiremos con los brazos abiertos, intentando conocer el secreto de la eterna juventud.