Goran Bregovic en el Teatro Opera: A celebrar por si se acaba el mundo

Crónicas
Goran Bregovic en el Teatro Opera: A celebrar por si se acaba el mundo
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dallacia

Otra vez el auto definido como Yugoslavo hizo bailar a todo el Teatro Opera.

El gran desafío dentro de un show de Goran Bregovic es entender la raíz alegre y a la vez trágica de su música, principalmente porque desde que comenzó sus colaboraciones en cine (donde su trabajo con Emir Kusturica en Tiempos de Gitanos tal vez sea su obra máxima) la problemática de su pueblo Yugoslavo ( luego de la caída del muro de Berlín se transformó en Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, República de Macedonia, Montenegro, Serbia y el aún territorio en disputa Kosovo) y con ella la idea de guerra, muerte e injusticia aún sigue marcando su historia. No es casual entonces que a lo largo de la noche sonaran al menos cuatro canciones de Three Letters From Sarajevo (Opus 1) un disco que durante el show definió como una manera de unir al menos utópicamente a través de la música a las distintas religiones, creencias y con ello a todo aquello que intenta separarlas. Por eso el disco, que está lleno de invitados (para dar cuenta de esta diversidad étnica y cultural) tuvo la propia versión ejecutada por “La orquesta de Bodas y Funerales” que vienen acompañando a Bregovic en cada gira.

Entonces “Duj Duj” (con su aire indú) “Made in Bosnia” (con su aire balcánico), “Mazel Tov” (remitiendo a un casamiento judío) y la sensual “Pero” en donde una de las coristas tomó el lugar de la española Bebe sirvieron para dar cuenta del objetivo del disco: concientizar y a la vez divertir. Si el mundo se acaba al menos brindemos antes de que se termine parece ser el mensaje que Bregovic da desde su asiento. La impresión es que el público que va a sus shows se divide entre los que disfrutan de esta alegría sin límites y los que por alguna razón se sienten tocados por la tradición balcánica. Lo bueno es que entre ellos no hay diferencias. La diversión parece ser la cuerda imaginara que los une y los tiene atados sin descanso en las dos horas que dura el show.

Claro que también aparece el baile como aquella expresión que permite de alguna manera iniciar una fiesta pagana que celebre lo que sucede en el escenario. El problema es que al principio del show esta necesidad de saltar, moverse y festejar se encuentra con el freno de los encargados de seguridad del Teatro, quienes no permitían que ello sucediera. Sin mucho esfuerzo fue la misma música la que venció está situación y a partir de “Quantum Utopia” con el no casual grito final de “party, after party” de Goran ya no hubo manera de que el público se quedara sentado. “Gas Gas Gas”, “Balkaneros”, “Mesečina” o “Baila Leila” por mencionar algunas otras, no hicieron más que incentivar la joda dando la pauta de que en un show como este, nadie quiere quedarse sentado.

Con un sonido que a esta altura es marca registrada (la orquesta integrada por dos trompetas, dos tubas, un saxo que intercambió con el clarinete, dos coristas, un vocalista que también se encargó de la percusión, el aporte de Goran en guitarra, voces y algo de percusión; elabora en vivo fielmente el imaginario de lo que uno piensa que es la música balcánica), el show solo tuvo un par de momentos de descanso que no pasaron desapercibidos. El primero fue cuando las coristas elaboraron una bellísima y folclórica versión de “Večeraj Rado” generando un clima hiper intimista. El segundo fue cuando Goran tomó el micrófono para cantar la Tarantinesca “In Death Car” y despedir a sus músicos hasta los bises. No hubiera estado mal encontrarse con otros momentos como estos a lo largo del show. La sensación es que el público los disfrutó mucho.

El final del show como era esperable potenció la idea de diversión y festejo desenfrenado, por lo que era una tímida invitación a bailar se convirtió en una explosión general de algarabía. Como era esperable “Bella Ciao” (a la que presentó como una canción clásica de la segunda guerra mundial y que ya había grabado antes de la explosión de la serie La casa de papel) convivió con “Jeremija” (una de la primera guerra mundial también en sus palabras) y la hiper festiva “Kalašnjikov” que fue el cierre perfecto para una fiesta que parecía interminable. El cierre fue con ovación y aplausos. Bregovic podría volver en algunos meses y este público estará para verlo. Tal vez esta sea su mayor ventaja.

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