Arraigo en The Roxy: Carnaval toda la vida

Crónicas
Arraigo en The Roxy: Carnaval toda la vida
Texto: Carlo Noro | Fotos: Chechu Dallacia

La banda que mezcla metal con música popular propuso un nuevo encuentro en The Roxy. Ahí estuvimos.

Arraigo tal vez sea un grupo predispuesto, subjetivamente, a trascender su propio límite. Tal vez por eso, luego de estar tocando por varios lados su última obra Nosotrosacayahora, la propuesta fue bien concreta: regresar a The Roxy Live (Ndr. Aquí la anterior crónica) y mostrar en qué se fueron transformando las canciones que fueron presentando a lo largo de país.

Verlos de nuevo en vivo da cuenta de ese proceso y entender que contrastes se han profundizado e incluso han servido para tomar posición. No es casual entonces que antes de cantar “Escribe y dispara” Pablo Trangone elija dos maneras de explicar la canción. Por un lado relata la historia de un chico al que le cortaron un dedo (el supuesto protagonista el que escribe y dispara) y por otro cuenta la reacción que en algún momento percibieron cuando ejecutaron los ritmos de cumbia que sostienen el tema. “Nos gritaron puto como si fuera un insulto, somos todos putos entonces” dice sin eufemismos para dar paso a la ejecución en ritmo de cumbia de la canción. El público comulga con la idea de que “la única forma de contar esa historia es utilizando ese ritmo”. Todos saltan, cantan y festejan con el resultado: una interesante fusión entre ritmos rockeros y música popular.

En este contexto la fusión entre la dimensión rockera (rock, hard rock, heavy metal, rock pesado e incluso elementos thrashers y progresivos) con la canción popular fue tomando distintas formas a lo largo de la noche. Uno de los puntos más altos en este sentido fue el logrado en el popurri que mezcló “Zamba para los huérfanos”, “Cadenas y antifaces” y “En el nombre del padre” en donde hubo de todo: zamba tradicional, interludios pesados, murga rioplatense mezclados y amalgamados de una manera admirable. Es claro que en este tipo de momentos el grupo logra hacer volar su propuesta sin límites. Tal vez por eso el resultado haya sido el acompañamiento de un público que canta, salta, poguea y baila sin prejuicios. Esa parece ser la gran victoria de los muchachos.

A pesar de que el sonido a veces jugó alguna que otra mala pasada (por momentos la mezcla general sonaba algo opaca y las guitarras perdían fuerza) hubieron espacios en los que el grupo pudo flamear con fuerza la bandera de su propuesta. Uno de ellos fue “El tempano” cover de Adrian Abonizio que tuvo una intensidad conmovedora principalmente porque Pablo Trangone profundizó el sentido épico existencialista de la canción en la que el bombo legüero interactuó sin problemas con la faceta más eléctrica del grupo. Más tarde “El amor después del amor” de Fito Paez y en especial “Tu nombre el mio” de Aristimuño encontraron sus versiones. La primera con un arreglo entre tanguero y rockero bien alejado de la versión original, la segunda lenta pesada y dramática, en otro de los grandes momentos de la noche.

La idea de romper la distancia entre banda y público también es uno de los aspectos de la propuesta de Arraigo que durante la noche se hizo evidente. Entonces cuando alguien grita “Convidá un mate” a Trangone, este no tuvo ningún problema de compartir su yerbeada (mate con alcohol) con el público cercano a las vallas. Sin embargo, este no fue el único momento en la que la distancia entre banda y público se rompió simbólicamente. En “Eternidad” dos amigos subieron a cantar a viva voz las canciones dando la pauta de que la comunión que logra la banda con su público no es pura pose. Los muchachos abren el juego y son capaces de hacer que los que escuchan sean participes de su propuesta algo que sucedería más tarde “Incomodo donde estés” en donde uno de los integrantes de las bandas soportes aportó desde lo vocal para potenciar el aire punk de la canción.

Antes de los bises algunas canciones sirvieron para perfilar aún más la relación del grupo con la música popular argentina. “Pañuelos Negros”, que incluyó el relato del encuentro del cantante con una viejita en Iruya que le regaló la caja con la que interpretó la canción, generó un ambiente bello e intimista. Fue pesada y mántrica dando cuenta hacia donde puede ir también la música del grupo. “Camino a lo de Prieto” con un aire, tanguero, electrónico y progresivo fue una invitación a la acción. “Hacer que las cosas sucedan” fue el mensaje claro y contundente de la canción, dejando una sensación de llamado a la acción más que interesante.

El cierre como era esperado incluyó momentos bien distintos pero que son parte trascendental del imaginario del grupo. “Vidas comunes” fue un momento especial porque habilitó a que Leonardo Pazos deje su bajo un momento y sea el vocero de la solidaridad de la banda con los despedidos del INTI. Junto a Leandro Ramogida, que también dejó por un momento la guitarra eléctrica construyeron una hermosa versión desde lo vocal en la que Federico Prieto acompaño en percusión con una hermosa sensibilidad. “Lo no caminado” con la banda de nuevo a pleno en el escenario, potenció exponencialmente esa sensibilidad. Este relato de los consejos de un supuesto padre a un hijo (en una propuesta similar a “Palabras para Julia” de Agustín Goytisolo) generó emoción y empatía en otro de los momentos donde el grupo generó lágrimas de emoción en los presentes.

El cierre final fue una fiesta con todas las letras. Primero con “Calaveras porteñas” en donde la murga “Las Calaveras de Constitución” se mezcló entre el público generando que todo el mundo salte y baile. “Carnaval de soledades” luego de la ya mencionada “Incomodo...” fue el cierre final con la promesa de un nuevo encuentro de festejos liberadores. Otra vez Arraigo dio la pauta de que su propuesta trasciende los límites. Veremos cuando se da el nuevo carnaval. 

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