Pain Of Salvation en The Roxy: Dejá que entre el sol

Crónicas
Pain Of Salvation en The Roxy: Dejá que entre el sol
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Minutos que la cortina se abra, suena Let the Sunshine in del musical Hair. Buenos Aires se empecina por mostrarse nublada pero dentro de The Roxy empieza una luminosidad indefinible. De esto se trató mucho de la segunda visita de los suecos a Argentina.

Pain Of Salvation no responde a los parámetros que suelen presentar las propuestas de rock progresivas. Ni son serios como los viejos dinosaurios, ni tienen esa exagerada ironía intelectualoide que promulgan algunos contemporáneos. Sobre el escenario se los vio relajados, por eso a lo largo del show Daniel Gildenlöw se permitió hacer varios chistes, hizo participar a sus compañeros e incluso sobre el final invitó al público a “agitar” en alguna parte de alguna canción. ¿Tienen temas complejos? Casi todos. ¿Manejan conceptos interesantes? Si. También son seres comunes y corrientes y se preocupan por la realidad que los rodea. Bien por ellos.

Como era esperable el inicio del show con un escenario en penumbras, fue iluminado por “Full Throttle Tribe” una canción con un ritmo trabado, complejo, en donde la melodía vocal hace algo casi imposible: seguir los ritmos sincopados de la canción que de pronto explota en un estribillo bien melódico. “Esta será mi tribu, esta será mi nación, esta será mi bandera, mi vida, mi legado ¿Querés seguirme?” canta con determinación melódica Daniel Gildenlöw y suena creíble en esta especie de renacimiento que propone la canción. Sorprendentemente la banda disfruta mucho de los interludios pesados. Se mueve, transpira, sacude la cabeza y contagia. La irónica y por momentos furiosa“Reasons” continúa la senda que al menos por el momento termina “Meaningless”. Las dos representan dos de los momentos más pesados de “In The Passing Light Of The Day” el disco que vinieron a presentar los suecos y que relata la experiencia de Gildenlöw estando en un hospital internado casi al borde de la muerte. (Ndr. Más info en la entrevista exclusiva que tuvo con nosotros)

El inicio rockero de “Linoleum” fue la primer canción que inició el recorrido por el resto de la discografía de la banda (en este caso Road Salt one) y sirvió para mostrar la participación vocal del recientemente regresado Johan Hallgren quien a lo largo de la noche genero una intensa asociación musical con Daniel, que en este caso, tomó la forma de intensidad rockera. A la altura de “Rope Ends” y “Beyond the Pale” que no casualmente forman parte del estupendo Remedy Lane un par de cosas estaban claras. Por un lado el sonido, como a lo largo de toda la noche, sería perfecto. Por el otro las luces servirían para crear y profundizar los climas de las canciones. Por eso los focos enceguecieron al público para ralatar la historia de una mujer al borde del suicidio en la primera de ellas, mientras que apagaron y encendieron el escenario en la segunda, para dar cuenta de una pregunta filosófica metafísica de lo que implica ser humanos. Las dos generaron un clima alucinante, moderno, épico y al mismo tiempo sensible, con una banda a pleno enganchada en recorrer todos los climas de las canciones.

“Kingdom of loss” transitó otra de las temáticas recurrente en el universo de P.O.S., la crítica al sistema capitalista y la denuncia por la alienación y perdida de identidad que este nos causa. “Todo se vende” afirma para luego preguntarse “¿Todo se vende?” y deja una sensación de vacío inconmesurable en una canción que crece en intensidad inspirada en el Pink Floyd más épico. “Inside Out”, bien pesada y melódica mostró la pericia de Daniel Karlsson detrás de los teclados para proponer velocidad y al mismo tiempo potenciar lo melancólico de la lírica, “Ashes” sonó oscura, opresiva y ominosa mostrando otra faceta de la banda, “Silent Gold” fue cantada casi a capella reduciendo la interpretación a la mayor sutileza posible, mientras que “On Tuesday” mostró llevo a la banda a su intensidad máxima. Si cada quien había mostrado una solvencia indescriptible a la hora de ejecutar los instrumentos, el trasfondo épico de la canción sirvió para que cada quien se potenciara. Aquí aparecieron las capacidades vocales de todos los integrantes en todo su esplendor, en especial las de Léo Margarit quien además venía haciendo un trabajo fenomenal en la batería y de Gustaf Hielm, con arreglos imposibles desde el bajo. No fue casual que estas dos últimas también fueran parte de “In the passing...”. Ver a Daniel visiblemente emocionado permitió percibir en vivo y en directo el nivel de catarsis que fue este disco para su vida.

A la hora de los bises “Spirit of the Land” pregrabada se convirtió en “Inside”, otra demostración de la capacidad del grupo de transitar por distintos géneros entre bases poliritmicas al punto de terminar la canción con un furioso rapeado. El cierre final fue con “In the Passing Day Of The Day” que hizo a lagrimear a mas de uno por el nivel de belleza generado primero por guitarra junto a voz y luego con la banda a pleno. “Estás viendo que me deslizo lentamente/como la luz del día que se va/viendo los colores transformarse en gris/como la luz del día que se va/la luz de día que se va”, recitó Daniel Gildenlöw junto a sus compañeros y dejó la sensación de haber presenciado un show para el recuerdo, en donde esa luz de la que habla iluminó la mente y los corazones de los presentes. Amen y dejense amar. No pierdan el tiempo, fueron las palabras con las que se despidió el cantante. Finalmente el sol entró para todos los que fuimos parte de ese momento sublime. 

Hay un solo adjetivo que sintetiza lo sucedido durante la noche: conmovedor. Si bien todo grupo de rock progresivo genera expectativas (principalmente por se permitieron hacer la amplitud de su búsqueda musical) lo propuesto por  los suecos superó y mucho lo esperado principalmente porque música y poesía lograron un todo difícil de igualar en los tiempos que corren. Ojalá vuelvan. Los estaremos esperando.

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