Mogwai en el Gran Rex: La música es lo importante.

Crónicas
Mogwai en el Gran Rex: La música es lo importante.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dalla Cia

Los escoceses volvieron al país para presentar sus nuevas canciones sin descuidar su pasado.

Cuando a las nueve en punto Mogwai sube al escenario, todo sucede con una intensa calma. El Gran Rex luce casi colmando en los sectores de arriba y no tanto en el de abajo. Afuera se cumplen quince días de una lluvia que a esta altura acompaña a Buenos Aires como parte de su paisaje. Los escoceses ingresan al escenario casi sin pretensiones. Relajados, cada quien toma su instrumento sin apuro. La escena es más bien austera: un telón azul de fondo y nada de visuales dan la pauta de que el protagonismo pasa exclusivamente por lo que puede generar la música. De alguna manera ese parece ser el mensaje más concreto que deja esta nueva visita de la banda a nuestro país.

Desde hace algunos años Mogwai viene atravesando una época de cambios. Por un lado desde el 2015 no es más parte de la banda el guitarrista John Cummings quien decidió dedicarse a sus proyectos solistas. A esto se le suman los problemas de salud del baterista Martin Bulloch quien no pudo participar del tour, por lo que la formación esta vez tuvo un formato bien particular. A los originales Stuart Braithwaite (guitarra, voces y bajo), Dominic Aitchison (guitarra y bajo) y

Barry Burns (teclados, synths, bajo y guitarra) se les sumaron el jovencísimo Alex Mackay, que pasó a lo largo de la noche tanto por la guitarra como por los synths, y la baterista Cat Myers del dúo escoces Honeyblood quien tuvo la difícil tarea de construir el pulso percusivo tan característico del grupo.

No fue casual entonces que el grupo eligiera, casi de forma reivindicatoria, el presente más reciente para comenzar a caminar sus canciones. “Friend of the night” de Mr. Beast del 2006 sirvió más que nada de introducción sonora (muy interesante por cierto) para empezar a transitar las canciones de Every Country’s Sun último disco del grupo y que estaría representado por seis canciones a lo largo de la noche. “Crossing the Road Material”, “Party in the Dark” y “Coolverine” (mediada por una intensa versión de “Take Me Somewhere Nice” de Rock Action) mostraron una faceta del grupo que sorprende. Por un momento la banda dejó de lado lo esperado (tormentas de distorsión contrastadas por momentos de profunda calma), para desarrollar una sensibilidad pop bañada por una oscuridad post punk. En esos primeros instantes del show y en especial en aquellas canciones que incluyeron el aporte vocal de Braithwaite (la ya mencionada “Party...” por ejemplo) el grupo fue capaz de probarse otro traje sin problemas, dando la pauta de que también tiene la sensibilidad suficiente para crear canciones en el más estricto sentido de la palabra.

Claro que probarse el traje, en este caso, no quiere decir decir dejárselo puesto; por lo que a lo largo del set todo lo esperado que mencionábamos anteriormente fue sucediendo. Si el comienzo propuso esa sensibilidad que mencionamos, la continuidad de las canciones fue mostrando todo aquello que convierte a los escoceses en una de las referencias excluyentes a la hora de hablar de post rock. “Killing All the Flies” tal vez haya sido la profundización de estas características convirtiendo al grupo en un magma sonoro en el que solo un gesto bastó para pasar de la explosión a la calma en cuestión de segundos. En este sentido fue interesante percibir como a lo largo de las canciones las piezas fueron intercambiándose, al punto de que cada uno de los integrantes fue ocupando los distintos lugares (bajo, guitarra, teclados, synths) dando la pauta del sentido musical del grupo: dio la sensación que cualquiera puede tocar lo está haciendo el otro y eso hace que el universo musical pueda ser ejecutado sin problemas.

Tal vez la figura de Stuart Braithwaite, el único que se dirigió austeramente al público, pueda ser mencionada como la de un líder musical de lo que sucedióen el escenario. Mucho del sonido del grupo se remite a la alquimia entre los tres amplificadores que utiliza y sus pedales de efectos. De esa formula que el solo conoce aparecen melodías densas, pesadas, épicas pero también sutiles y sensibles. Cat Myers por su parte cubrió con maestría y efectividad un puesto en el que fue necesario su protagonismo. Las canciones de Mogwai por momentos no responden a los parámetros establecidos, por lo que en muchas la batería fue la encargada de generar la alternativa a las secuencias monóliticas que propusieron el resto de los instrumentos en conjunto. En esos momentos, la baterista fue precisa y contundente, dando la pauta del por qué de la presencia en el puesto.

“Rano Piano” del genial Hardcore will never die, but you will, “I'm Jim Morrison, I'm Dead” de The Hawk is Howling y “Remurderer” de Rave Tapes fueron aquellas que sirvieron para dar cuenta de la profundidad de lo que hablamos cuando nos referimos a esa etiqueta tan amplia denominada post rock. La música de los escoceses es introspectiva y a la vez expansiva por lo que uno puede elegir si quiere elegir el camino de mirar hacia el interior de uno mismo o simplemente dejarse llevar a un recorrido por otros universos. Las miradas de los presentes impávidas pero a la vez profundamente concentradas dieron la pauta de que cada quien emprendió su propio viaje en el contexto de un set que siempre fue creciendo en intensidad.

El cierre con “Every Country's Sun” y “We're No Here” sirvieron de conclusión para lo sucedido. La primera, además de ser el título del último disco fue una síntesis perfecta entre la mixtura entre electrónica y rock que el grupo tan bien sabe manejar. La segunda emotiva y disonante culminó con cada integrante retirándose del escenario para que cada guitarrista (en ese momento fueron tres) deje su pedal sonando al infinito entre distorsiones, ecos, reverberaciones, delays y ruidos. Luces prendidas y show terminado. La música había pasado y eso fue lo único importante. La experiencia será al menos por ahora, irrepetible.

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