Corrosion Of Conformity en Uniclub: Pagando deudas en el fondo del bar.

Crónicas
Corrosion Of Conformity en Uniclub: Pagando deudas en el fondo del bar.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro.

Con Pepper Keenan C.O.C. finalmente tuvo algo de su mejor versión. Así lo vimos.

La previa esta vez esta vez propuso el crossover que en algún momento caracterizó a la banda principal. Primero tuvo en el escenario a los legendarios E.D.O. (Existencia de Odio) que dieron un show potente en el que el grito “Buenos Aires Hardcore” retumbó varias veces. Su mensaje fue bien claro y su sonido, pesado y filoso, también. Seguramente más de uno se vio alcanzado por la energía que propusieron en lo que fue el único momento hardcore de la noche. En contraste, los muchachos de Transmutar, se relacionaron con COC por el lado del gancho y la melodía Sabbathica más que por la furia del hardcore. Entonces los de Quilmes fueron palo y a la bolsa. Eligieron seis canciones “Cada vez más fuerte”, “Sinergia”, “Libérate”, “La Inmensidad”, “Locura Perfecta” y “Mutar” que sirvieron de muestra de como el grupo es capaz de construir canciones sin por ello dejar de sonar pesados. En este sentido la búsqueda del “Turco” Anuar por construir melodías vocales cobró fuerza en “La Inmensidad” y contundencia en “Locura Perfecta” donde JB Larralde de Sauron fue invitado a generar riffs. La próxima parada será disco oficial, “Orden en el caos” y presentación. Veremos que pasa con eso.

En concreto C.O.C tenía dos antecedentes para contrastar con esta visita. Por un lado la venida de la banda como trío (Sin Pepper Keenan) en el que show no había estado bueno y por otro lado las dos visitas de Down en donde la presentación, si había tenido a Keenan entre sus filas pero en su función de guitarrista. Ahí si la cosa había sido para el recuerdo. En especial la primer visita, fue uno de los grandes shows de rock pesado en el que la potencia y el pulso rockero habían brillado con maestría. En este contexto no es difícil imaginar que la mayoría de los ojos de la noche se posarían en pimienta algo lógico si sabemos que su llegada a la banda fue la causante de que el grupo encuentre en el gusto por Black Sabbath y la melodía bien groovera, un espacio donde desarrollar sus canciones.

Con un Uniclub lleno y con muchos post treinta entre el público, el bajista Mike Dean fue el encargado de encender vía distorsión, la noche. Ya con el grupo en el escenario la cosa se transformó en “Bottom Feeder (El que come abajo)” que rápidamente cobró forma en “The Luddite” una de las dos canciones que sonarían durante la noche de “No Cross, no Crown” el reciente estrenado disco de los muchachos.

La primera impresión fue positiva. A pesar de que Pepper Keenan se encuontrana visiblemente dolorido por una lesión en su hombro derecho (que luego se encargó de maldecir a lo largo del recital) mucho de lo que sucedió en el escenario pasó por los tiempos que marcaron tanto sus melodías vocales como su guitarra. Tal vez por eso la diferencia entre el volumen de sus seis cuerdas con la de Woody Weatherman fue apreciable, algo que por momentos conspiró para que las canciones suenen todo los parejo que uno espera sin por ello ser catastrófico: tal vez si este punto hubiera estado más equiparado el show hubiera subido un par de puntos. No sucedió pero tampoco afectó radicalmente a la performance.

“Broken Man” es la primer canción de “Deliverance” (el gran disco de la banda) que sonaría durante la noche. Densa y pesada, fue uno de los grandes momentos principalmente porque en el contexto de un sonido sucio y ruidoso se vio favorecida. En este punto es bueno hacer una salvedad. Cuando uno va a ver bandas como C.O.C. debe saber que la propuesta está más cerca de una bien entendida desprolijidad que de la perfección. Entonces es inútil esperar que el audio sea nítido y perfecto. No es el objetivo de la banda ni lo será, por lo que canciones como “Wiseblood” suenan rápidas, pendencieras y desprolijas sin por eso perder efectividad. De alguna manera la banda parece entender o imaginarse que está tocando en un bar para un grupo de fanáticos que se toman una cerveza mientras ven el show. ¿Divierten? Si ¿Tienen onda? Mucha. Eso de alguna manera es la mejor definición de lo que fue sucediendo a lo largo de la noche. “Who's Got the Fire” y más tarde “Vote With a Bullet” (con la correspondiente equiparación de la situación política estadounidense y la argentina) siguen esta senda aunque no sean de lo mejor que tiene el grupo en su catálogo de canciones. Son festejadas y funcionan aunque tal vez la reacción del público es exagerada. No parecen encarnar lo mejor que la banda puede dar en vivo aunque todo el mundo (grupo incluido) está feliz con que este dentro del set.

En este sentido “Seven Days” y “13 Angels” son aquellas que muestran la interesante exploración que la banda que fue realizando a lo largo de su carrera por los climas pesados y colgados. La voz de Keenan pasa por todos los climas (va de lo rockero a lo melódico sin escalas) y el grupo se muestra re contra enganchado. Mike Dean cierra los ojos y reproduce el feeling de la canción, Woody Weatherman gesticula, mira su guitarra y encuentra su lugar con maestría; mientras que John Green, técnico de batería y el elegido para reemplazar a Reed Mullin (con una cirujía en el rodilla) hace su trabajo a la perfección. Es claro que se ve más forzado al groove en estas canciones y que parece más cómodo tocando las partes más rápida pero en ningún caso desentona con lo que propone la banda.

Teniendo este antecedente pareció raro que la versión de “Paranoid Opioid” haya sido tan deslucida principalmente porque podría haber sido un buen contraste entre el cuelgue y la furia. Tal vez la cosa haya tenido que ver con que en la última parte del show, el grupo cambió radicalmente el clima. Por eso la segunda canción de “No cross...” y en especial “Albatross” fueron momentos intensos, colgados y climáticos. Tal vez por eso alguno del público arrojó un porro a Keenan quien graciosamente y ante la insistencia terminó fumando. En esos momentos la banda sacó a relucir todo lo bueno que tiene: puede sonar pesada, rabiosa y tiene tanto de rock sureño como de Sabbath en el contexto de una alquimia bastante difícil de explicar.

El bis fue para una extensa versión de “Clean My Wounds” que llegó a tenee algún interludio con aroma a reggae en el medio y a Keenan acostándose en el público para tocar la guitarra (y puteando graciosamente porque alguno le tocó el hombro maltrecho). El cierre dejó a todos contentos y dio la pauta de que el medio ambiente de COC es un bar de mala muerte con música a todo volumen. No hay más pretensiones que eso y alcanza. Tal vez el show no haya sido una epifanía como las visitas de Down, pero seguro superó y reinvindicó la deslucida visita anterior. Bien por ellos. Nos lo debían.

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