Tribulation, Bölzer y Dead Lord en en Festival Jedbangers: El extraño encanto de lo nuevo.

Crónicas
Tribulation, Bölzer y Dead Lord en en Festival Jedbangers: El extraño encanto de lo nuevo.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

El Festival Jedbagers parecía una oportunidad invalorable y lo fue. ¿Cuántas veces el público argentino tiene la posibilidad de ver tres bandas en su mejor momento, en un lugar chico y al mismo precio que pagaría por una sola de ellas? La respuesta es obvia. Esta fue, al menos por ahora, una oportunidad única.

Para las 20:30 cuando Dead Lord estaba por salir al escenario, sorpresivamente el cielo de Buenos Aires volvía a conspirar contra todos proponiendo una intensa lluvia con todo el aspecto de tormenta de verano, pero con el viento y el frío propio del otoño. Llegar a Uniclub fue una odisea y eso también explica porque el panorama no era lo esperado. En esos primeros momentos, la cosa estaba muy lejos de llenarse, luego la cosa mejoró pero no llegó colmarse. ¿Crisis? ¿Desinterés? Hay muchas opciones para pensar porque sucedió esto. La respuesta seguro no es una sola. Lo cierto es que las tres bandas dieron un espectáculo impecable.

Dead Lord: en el nombre del rock and roll

Seguramente haber decidido que abrieran el evento fue una de las mejores decisiones de la noche. Si afuera llovía, adentro se desató una tormenta de hard rock y rock and roll pocas veces vista. Desde el minuto cero los suecos salieron a matar, eso se notó y tal vez fueron la gran sorpresa de la noche. En sus discos la influencia de Thin Lizzy es innegable, al punto de que si alguien tiene a los irlandeses bien presentes puede llegar a molestarse tanto con la similitud entre el tono vocal de Hakim Krim con Phil Lynott como con algunas melodías de viola que son calcadas de los momentos más rockeros de los irlandeses. Lo cierto es que ante lo innegable de sus influencias los muchachos eligen hacerse cargo y construir un show que respira la era dorada del hard rock de los ochentas por los poros. Entonces tenemos guitarras gemelas, solos épicos, coreografías, temas para corear y todo aquello que uno imagina cuando se le viene esa época a la cabeza. En este sentido la admiración por los Monstruos del rock está tan pero tan presente que si uno cierra los ojos puede escuchar algo de Maiden, algo de U.F.O. y algo de AC/DC. También algo de Judas Priest y Kiss pero esto es más evidente. Sobre el final arremeten con una parte de “Detroit rock city” y mas tarde con una pequeño fragmento de “Breakin the Law” cantada por Olle Hedenström que además lleva orgulloso un tatuaje de “Defenders Of The Faith”.

En este contexto, tal vez es algo difícil mencionar alguna canción que haya resaltado con contundencia en el set de los suecos que fue, por sobre todas, las cosas parejo. Nosotros nos quedamos con el gancho de la graciosa “Onkalo”, la velocidad épica de “Kill Em All”, las violas gemelas de “Too Late”, el gancho hard rockero de “No regrets” y la impecable “Hammer to the Heart” que brillaron en el medio de chistes, caras graciosas y por sobre todo, mucha onda. Más de uno que los miraba con desconfianza, se fue convencido gracias a la impecable demostración de rock and roll que dieron. ¡Ojalá vuelvan!

Bölzer: Humor extremo

La diferencia entre el set de los suecos y el de los suizos de fue evidente sin por ello tratarse de una característica negativa. La música del dúo es extrema, nihilista, misantrópica y por momentos críptica. Si los D.L. hicieron lo posible para congraciarse con el público KzR (Okoi Therry Jones) en voz y guitarra de diez cuerdas y HzR (Fabian Wyrsch) transitaron su propio viaje ruidoso, extremo, denso, pesado y épico al punto de que de mala gana hicieron gestos para que bajaran las luces y quedaran en penumbras. Algún problema con la batería acortó el set que no tuvo ningún tipo de intercambio más allá de algún grito de aliento por parte del público. La sensación, más allá de que después fueron la única banda que vendió su propio merchadising y se sacó fotos con los fans, es que su propuesta no es para cualquiera. Solo para entendidos.

Tribulation: Expresionismo melódico y extremo

Tribulation tenía simbólicamente la difícil tarea de confirmar por qué hoy por hoy son una de las figuras más relevantes del under mundial con críticas hiper positivas a su última obra “Down Below”. Lo que nos encontramos fue una banda que en vivo brinda un espectáculo teatral y envolvente pocas veces visto. Si su maquillaje le debe muchísimo al expresionismo alemán (en especial a la oscuridad de Nosferatu de Murnau) su puesta en escena lleva todo este imaginario al límite. En este sentido cada quien cumple su oscura función a la perfección. Johannes Andersson aporta parquedad y seriedad desde las voces siempre gritadas y extremas. Su aporte en el bajo no es menor, cada arreglo construye una interesante sonoridad en consonancia con lo que Oscar Leander propone desde la batería. En cada caso dan cuenta de una pesadez que sostiene con contundencia tanto los segmentos más extremos como los más melódicos. Adam Zaars desde una de las guitarras, funciona como una especie de líder musical: muchas de las melodías son comenzadas y manejadas con él sin por ello resultar repetitivas. Tal vez mucha de la variedad sonora del grupo se deba al aporte de Jonathan Hultén con el que debemos hacer una salvedad. Si el grupo en su totalidad es una especie de cita simbólica al expresionismo, su desempeño en las tablas es completamente rupturista. A lo largo del show y mientras acompaña con maestría cada canción, elige bailar una danza macabra, andrógina y sensual construyendo un personaje oscuro e inquietante. Seguramente cada show es para él una experiencia única espiritual y trascendental en la que el baile es parte de su puesta en escena. La sensación fue la de haber visto un despliegue único, original y oscuramente bello.

Desde lo musical los suecos eligieron un set que dividió su discografía por partes iguales. Cuatro canciones de los tres últimos discos (dejando afuera “The Horror” en donde la sonoridad era bastante diferente) sumaron las doce que eligieron para dar cuenta de su primera vez en argentina.

Por el lado de Down Bellow, “Lady Death” con la que dieron inicio al show, tal vez sea la mejor síntesis de lo que hoy es el grupo. La banda sonó cruda y extrema, citando explícitamente al black metal pero mezclándolo como elementos psicodélicos y góticos. El resultados es que aún en las los momentos más veloces, hay una inquietante búsqueda por la melodía que convierte a la banda en un espécimen inclasificable. Mas tarde “The Lament” y “Nightbound” se encargaron de potenciar todos estos atributos. A pesar de que que lo extremo y caótico fue parte de las canciones (principalmente en las estrofas de la primera y en los estribillos de la segunda) fue inevitable identificar la carga de melancólica y hasta de romanticismo que recorrieron los temas. Si la música extrema también es atmosférica, lo es por este tipo de canciones capaces de generar climas y sensaciones oscuros, densos, pesados pero también liberadores.

Claro que no solo desde lo musical los vampiros suecos lograron introducirnos en su mundo. Curiosamente sin tener ningún tipo de proyección (el escenario tenía una bandera con su logo en formato de tabla Ouija) luces, gestos, maquillaje y miradas hicieron que por momentos la puesta se asemeje a una película de horror en donde los clichés del género (ocultismo, terror, oscuridad) se mezclaron con maestría con lo ominoso de la música. En este sentido "Melancholia” una de las de “The Children Of The Night” fue una muestra de esto que relatamos. Casi un soundtrack de aquellas películas, propuso un riff tan intenso y memorable que es imposible no destacarlo como uno de los momentos altos de la noche. Es difícil encontrar la alquimia exacta entre lo melódico y lo extremo. Los muchachos lo lograron, al menos esta noche, a la perfección.

Entonces, el resto del set estuvo atravesado por momentos en lo que lo extremo ganó la batalla (“Rånda” de “The Formulas Of Death” donde los elementos melódicos todavía eran una insinuación) sin por ello perder el gancho y la insinuación a lo melódico contrastados con momentos de psicodelia instrumental como “Ultra Silvam” en donde la música hizo viajar a mas de uno sin por ello perder furia y crudeza. El cierre con “Strange Gateways Beckon” y “When the Sky Is Black With Devils” fue una síntesis perfecta de esto que hablamos. Potentes, melódicas, pesadas, épicas, dramáticas, extremas; generaron un conjunto de contrastes que tal vez sirvan para entender de qué se trata la música de los suecos: un paseo por la oscuridad de la existencia. Ojalá vuelvan.

 

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