Triptykon en el Teatro Flores: Demasiado fiel a su pasado.

Crónicas
Triptykon en el Teatro Flores: Demasiado fiel a su pasado.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Primera visita del ex Celtic Frost y Hellhammer con un recorrido previsible por su historia. Este es el resultado.

Tom G. Warrior tal vez sea uno de máximos guerreros del underground que aún queda en pie y que conserva una carrera en la que no solo es necesario reproducir su propia historia. Para los que no lo tienen tan presente hay dos hitos claves en su historia musical. Una es haber sido fundador de Hellhammer una banda a la que le alcanzó solo dos años a principios de los ochentas para poner su granito de arena en la construcción de lo que sería luego el black metal. Su sonido crudo, nihilista y gélido fue de culto pero tuvo efectos concretos. Muchos referentes de la música extrema la consideran una banda seminal que los llevó a encontrar su propia manera de hacer música. Luego fundó su proyecto más duradero, los geniales Celtic Frost en donde la crudeza primigenia se mezcló con la rudeza de Venom, la oscuridad y densidad de Black Sabbath, la velocidad de Angel Witch, la oscuridad del rock gótico de Sisters Of Mercy, Bauhaus, Joy Division y cierta crudeza del punk. Si a esto le sumamos la genial colaboración con el oscuro artista visual H.G. Giger y le adherimos temáticas ocultistas, espirituales y misantrópicas, tenemos una banda inclasificable que supo ser punta de lanza para el nacimiento del thrash entre otros estilos. 2018 lo tiene con su propio proyecto que supone ser el cierre de su trilogía de bandas. Convenientemente su nombre es Triptykon. A pesar de que el mismo Warrior la haya mencionado como una “continuación de Celtic Frost”, las diferencias son para bien concretas. Eparistera Daimones y Melana Chasmata tienen momento de pesadez extrema pero también de experimentación sonora y psicodélica. Incluso voces femeninas se suman para generar ambiente y atmósferas en dos obras dignas de la historia del cantante. Este contexto hacia suponer que nos íbamos a encontrar con un show en donde Triptykon fuera protagonista de la mayor parte del set (varios queríamos eso) mientras que el resto de los proyectos aparecerían de forma circunstancial. Evidentemente la fe de Warrior en su propio proyecto y en la posible respuesta de la gente en esta primera visita a sudamérica no es mucha: insólitamente sucedió lo contrario por lo que tanto C.F. como Hellhammer fueron los verdaderos protagonistas de la noche.

La primer sorpresa que mostró el Teatro Flores tuvo que ver con la convocatoria lo que da la pauta de que la crisis económica y política que está atravesando el país está empezando a impactar en los bolsillos de quienes concurren a los recitales. Esta es la primer conjetura que puede servir para explicar que a lo largo de la noche el recinto no llegue ni siquiera a la mitad de su capacidad, lo que por momentos complicó a un sonido que lógicamente tuvo problemas para acomodarse: no es lo mismo sonar en un lugar colmado que en un lugar vacío. El rebote hace que el sonido se pierda y que no tenga la nitidez necesaria. Eso define mucho de lo sucedido, a pesar de que por momentos la banda haya encontrado un desempeño aceptable en este punto.

Empezar con “Procreation (of the Wicked)” de Celtic Frost seguramente fue pensada para mostrar una carta ganadora desde el comienzo. Densa, pesada, trabada y extrema y por supuesto mostrando en los primeros segundos el “¡Ugh!” tan característico de Warrior llenó de oscuridad en al ambiente y fue correctamente continuada por “Dethroned Emperor” también de C.F. dando la pauta de por donde venía la cosa. Haber empezado el show con dos temas que no son de su banda actual fue todo un símbolo interrumpido con “Goetia” de Triptykon que no casualmente suena muchísimo a la última etapa de Celtic Frost pero incluyendo algún interludio Sabbathico. No fue casual que el grupo Norman Lonhard (en batería), V. Santura (en guitarra) y la bajista Vanja Slajh parecieran más cómodos ejecutando estas canciones que en definitiva son las suyas. Incluso la química entre Warrior y sus músicos se hizo patente en esos momentos, al punto de generar algún gesto de complicidad en el medio de la canción.

Una seguidilla de canciones de C.F. ( gran versión de “Circle of the Tyrants” y correctas de “Ain Elohim”, “Into the Crypts of Rays” y “The Usurper”) generaron una espontanea ovación por parte del público que cambió rápidamente el “¡Triptykon! ¡Triptykon!” por el “¡Tom G. Warrior! ¡Tom G. Warrior!” cuando cada quien se dio cuenta de como venía la mano. Con buena onda el cantante hizo la aclaración de que no estaba solamente él sino toda la banda a la que apreciaba mucho, lo que a simple vista pareció una contradicción: ¿Por qué entonces hacer un 95 por ciento del set con canciones que no son fruto de la banda? Esto se potencia más aún cuando suena otras de las de Triptykon “Altar of Deceit” que le da al show una interesante variedad: la pesadez y el juego de voces extremas entre Warrior y el Santura ganan un interesante protagonismo. El cierre, ruidoso, denso, pesado y colgado construye uno de los mejores momentos del show.

Otra de Celtic Frost, “Babylon Fell” opacada por la vibrante “Necromantical Screams” fueron el preámbulo para que Warrior siguiera empecinado a homenajear su pasado. Sería el turno de Hellhammer que incluiría “Massacra”, “Reaper” y la esperada “Messiah”. La banda estuvo a la altura de las circunstancias, sonó cruda, rústica y primitiva tratando de reproducir la atmósfera de las canciones a la perfección. “¿Are You Morbid?” fue la pregunta para introducir “Morbid Tales” de C.F en lo que fue una especie de bis sin salir del escenario. Un público enganchado continuó pidiendo canciones pero la noche llegó a su fin. “The Prolonging” fue la tercer canción de Triptykon que sonó y dio la pauta de todo lo bueno que tiene la banda. Fue densa, pesada, extrema, experimental, por momentos doom y siempre apocalíptica. Entonces, una versión extendida generó uno de los grandes momentos de la noche y dejó una conclusión clara: si la cosa hubiera ido por este lado la cosa hubiera sido distinta. Esperemos tener una segunda, con Warrior confiando en todo lo bueno que está haciendo y así tener una oportunidad para redimirnos.

 

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