Havok en Uniclub: Jóvenes guerreros del thrash

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Crónicas
Havok en Uniclub: Jóvenes guerreros del thrash
Texto: Pablo Tassart | Fotos: Seba Delacruz

Mientras afuera una gélida Buenos Aires decidía voto a voto a favor de la lucha de las pibas y en contra de los dinosaurios clericales, adentro Uniclub se derretía de la mano de Havok con sus machaques frenéticos y gritos desgarradores. Nada es casual si sabemos que este cuarteto de thrashers de Colorado siempre se ha expresado en contra del statu quo y de fuerzas tan perversas como el dominio mental y los perimidos dogmas religiosos. Día justo para encontrarnos con la furia y velocidad que propusieron.

A cara de perro desde el primer minuto, Havok abrió fuego a las 21.30 con su esperado arsenal old school. Su performance comenzó con fuerza, pero ajustándose de apoco, con “Fatal intervention” y “Hang’ em high”, y una voz un tanto difusa entre tanto agite y distorsión. La diferencia se notó enseguida cuando, al mismo tiempo que el nuevo bajista prendía las luminarias de su instrumento (si, aunque no lo crean tenía lucecitas verdes por todo el mástil), comenzaba “Prepare for attack”. El publico se enganchó por primera vez coreando los riffs al tiempo que David Sánchez, su parco cantante, asentía llevando la mano a la oreja con un breve I like that.

Y allí se podría decir que estuvo la clave del show. Si bien el público reventó el “pogometro” en todo momento, todo tomó mayor vuelo y descontrol en la medida que surgieron los temas más viejos y gancheros de placas como Time Is Up (fueron la mayoría), Unnatural Selection o del Ep Point of No Return. Sucede que su último trabajo en estudio, Conformicide, es un intento de la banda por darle una vuelta de tuerca a su propuesta. Si bien es una placa de mayor elaboración, su complejidad hace que por momentos con sus cambios de ritmos y progresiones al publico le cueste seguir el hilo de lo que la música propone. Tal vez muchos esperan una propuesta más simple. Al menos, en este disco, no es lo que elige la banda.

Sin embargo, la actitud de los músicos, que no frenaba ni siquiera cuando el mosh se apoderó (es justo decirlo, algo excesivamente del escenario al punto que hubo algún que otro conflicto con alguno que se subió al mismo e involuntaria y descuidadamente golpeó un pie de micrófono), hizo que todo avanzara como una implacable sierra de metal que partió en dos a los presentes. Si hay que elegir una palabra para definir lo que hacen los muchachos, la mejor sería contundencia. Por el gran manejo del escenario, a pesar de su juventud, se les nota el recorrido de estos más de diez años de giras y presentaciones.

Sánchez, a quien no le arrancaron una sonrisa ni cuando le cantaron el cumpleaños, es el capo de la banda y actúa cada canción con gestos y miradas mecánicas. Por su parte Reece Scruggs apila solos mientras amenaza (y cumple) con cortarnos la yugular con su guitarra, al tiempo que el pequeño gigante Pete Webber aguanta los trapos desde la batería. Finalmente, una mención especial merece el nuevo bajista Nick Schendzielos, quien copó la escena en más de un momento con su arácnida y refinada técnica de slapping en su bajo de cinco cuerdas.

Promediando el set quedó claro que los Havok son una máquina de arengar, pero desde la música. De pocas palabras y sin demagogias, sus temas hablan por ellos. Y con cada riff apuestan a mostrar todo lo que pueden hacer sin que sea necesario el acompañamiento de un discurso que sostenga el show.

El show cerró a la hora y media clavada con el conocido Time is up. Es cierto que la presentación podría haber durado algo más, y que quizás quedaron debiendo algún tema más de Unnatural Selection. Sin embargo, el gusto fue dulce en el balance final. Gusto de poder ver a estos cuatro artistas en el pináculo de sus carreras: jóvenes, sin artilugios y desafiantes. Sin necesidad de tenerles ninguna concesión por malestares de la edad, sin la excusa de ninguna despedida eterna y sin tener que ir a verlos imaginando “lo que hubieran sido en su mejor época”. Estos muchachos patean culos y lo hacen hoy. No es poco.

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