Gabo Ferro y Sergio Ch en el Konex: Historias de duelos y canciones

Crónicas
Gabo Ferro y Sergio Ch en el Konex: Historias de duelos y canciones
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dalla Cia

No es casual que la gráfica de “Historias de pescadores y ladrones de la Pampa Argentina” proponga dos personajes que vuelven de la muerte para enfrentarse en modo de duelo (¿o payada?) y mostrar sus aptitudes. Es indudable que tanto Gabo Ferro como Sergio Ch han llegado a este encuentro sabiendo que sus propuestas individuales no pasan desapercibidas. Los dos tienen un público que los sigue sin reclamar que lo producido musicalmente siga algún tipo de ortodoxia. Por el contrario en cada caso se valora el riesgo, el arrojo, la posibilidad de mostrar cosas distintas. .

El inicio con “Cruz del sur invertida” es la primer muestra de que lo que sucede en el escenario tiene que ver y no (aunque parezca contradictorio) con lo que cada uno propone por separado. El escenario en penumbras con una estupenda iluminación pergeñada por Agnese Lozupone propone una idea clara. Las luces y sombras se debaten entre dar protagonismo a uno o a otro. En esa dicotomía estaría una de las claves de la noche. Las dos guitarras de a poco se van hermanando para generar un magma sonoro e intenso, mientras que la voz de Gabo aparece como un susurro que posibilita que Sergio maneje el final de la canción. A los dos de los nota seguros y cómodos, algo que “Corona de caranchos” muestra la perfección. La voz de Sergio muestra sus particularidades: seca, profunda, aguardentosa. La de Gabo también: colorida, evocadora, intensa. Entre los dos generan un idea y vuelta intenso. Tal vez por eso “Que parte de mi” es más Gabo que Sergio sin serlo completamente y “La tierra y los ríos” es más Sergio que Gabo también sin serlo con plenitud. La sensación es que los dos saben y aprovechan esa dialéctica. El sonido manejado con maestría por Alejandro Pugliese es claro y nítido. El resultado es tan vehemente que pronto uno se olvida lo que conoce de ellos por separado. El juego de adivinar los aportes termina siendo infructuoso: la cosa está tan pareja y diversificada que todo culmina por fundirse sonoramente.

“El pescador” propone una atmósfera bien blusera en donde el slide (aquí la protagonista es la guitarra de Sergio) marca con mucho groove el tono de la canción. “Crudo a tu cautivo” tal vez sea una da las canciones que mejor define el resultado de la dialéctica que propone la dupla tanto de desde lo lírico (es inevitable no relacionar la idea de ejercer la libertad con el origen de este proyecto) como desde lo musical, porque conjuga la intensidad rockera con cierta impronta atmosférica. Es en esos momentos tanto lo que cada uno propone tanto desde la guitarra (en el caso de Sergio con arreglos muy bien enfocados y en el caso de Gabo proponiendo bases potentes) como desde las voces (aquí Gabo es quien le aporta color a las canciones mientras Sergio sostiene las melodías vocales) muestra la variedad de la música generada en conjunto y supera por el hecho no menor del aquí y ahora lo que se escucha en el disco. Verlos en vivo hace que las canciones cobren otro sentido algo que “Un pozo con tu forma” y “La estación” terminan por confirmar. La primera desde el dramatismo que propone, la segunda desde la melancolía que trasmite. Las dos hacen que cada quien se preste el protagonismo. Difícil pensarlas por fuera de lo que el dúo produce.

“El Laud” y “Tomatito” son la elegidas para que Sergio Ch inaugure un segmento donde cada quien se quedaría junto a la soledad de su guitarra. En cada una de esas canciones la sensación sería la misma. La gran virtud que aparece es la de construir hermosas melodías evocadoras de tiempos pasados. Melancólica y sentida pueden ser los mejores adjetivos para describir la faceta solista del ex Natas, pero sin perder esa impronta rockera que lo caracteriza. Las sonoridades son otras y la comodidad que muestra en esta nueva época es evidente. En este sentido el contraste con la elección de las canciones cuando el turno es de Gabo Ferro ser percibe con claridad. “Voy a negar el mar”, “Como la maleza” y “Volví al Jardín” muestran la faceta más cruda y furiosa de Gabo. Tal vez por eso no resulta sorpresivo que Gabo se retuerza en su silla, golpee su guitarra y muestre toda su potencia. Eso es una parte clave de su propuesta y verla en vivo da cuenta de sus virtudes. En cada caso las elecciones personales generaron un gran momento. Bien por ellos.

La vuelta de los dos a escena permite en primera instancia cerrar la totalidad de Historias… “El camino” se sostiene en la voz de Sergio mientras Gabo genera una sonoridad con sus cuerdas vocales. “1974” es otro momento melancólico mientras que “Cada presa” se muestra como un interesante experimento cercano al noise y al post rock en donde Gabo aporta las voces y Sergio las sonoridades en lo que tal vez es el momento más arriesgado de la noche. Sin mediar palabra cada quien deja su guitarra y sale de escena con la parece haber terminado el duelo. Las luces se oscurecen y formalmente el duelo encuentra su fin. La vuelta los encuentra con dos canciones, una versión de “La Familia y las Guerras” de Ararat que incluyó un recitado de Los Poseidos entre Lilas de Alejandra Pizarnik por parte de Gabo “Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber sabido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto” generando un interesante momento; para luego continuar con “La Sal y el Arroz” del álbum solista de Sergio “1974”, que sirve de cierre para la noche. Despedida con la sensación de que este es el inicio de algo. Veremos si sigue generando encuentros que por ejemplo, propongan aún más interacción entre los pasados y presentes de cada uno por separado. Ojalá suceda. 

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