New Model Army en Uniclub: Solo para elegidos.

Crónicas
New Model Army en Uniclub: Solo para elegidos.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Involuntariamente una leyenda del post punk realizó un show íntimo. Una oportunidad única e irrepetible.

Estuvimos sin venir treinta años y no se si volvamos en treinta porque el planeta estará destruido” dice Justin Sullivan antes de “Angry Planet” y dedica la canción a un Uniclub que está muy lejos de llenarse sin por eso mostrar un paisaje desolador. Por el contrario, la gran mayoría de los que están ahí conocen cada canción de la banda a la perfección,por lo que no sorprende que desde el inicio con “Stormclouds” cada nuevo tema despierte miradas de complicidad. Muchos se abrazan. Otros, peinando algunas canas, saltan y ensayan algún tímido pogo. Todos parecen saber que esta es una oportunidad única, de esas que el a veces caprichoso azar de las giras internacionales, termina por hacer posible.

Tal vez sabiendo esto, la banda propone un set bien balanceado entre el pasado post punk, en donde la furia melancólica toma protagonismo y un presente ampliado que se debate entre una propuesta más rockera que llega incluso a incorporar algunas influencias del folk. “Winter” es un fiel exponente de esto último. El inicio acústico toma protagonismo para describir la llegada de un invierno interior que luego se transforma en un desborde de potencia. Es en esos momentos cuando Sullivan empieza a dar cuenta de su impronta. Su mirada hacia el horizonte, por momentos febril da cuenta de lo que significan las canciones para él, algo que enseguida se magnifica en la respuesta del público.

Precisamente el grupo sabe perfectamente que Sullivan es el protagonista de la noche y se encarga a la perfección de reproducir los climas necesarios para que cada una de las canciones pueda encontrar su particularidad. Ceri Monger es el encargado del bajo pero también interviene en muchos momentos del show ejecutando la percusión que está ubicada al costado del escenario. No parece casual que tanto en un caso como en el otro, su repiqueteo esté hermanado como lo que Michael Dean propone desde la batería. Canciones como “Born Feral” construyen una intensidad percusiva mántrica y disonante donde la guitarra de Marshall Gil y los teclados de Dean White aportan arreglos sutiles y efectivos. La voz de Sullivan hace el resto y a medida que transcurre el show se va haciendo más amigable con lo que sucede debajo del escenario. Todo esto se repite de diversas maneras a lo largo de la noche y da cuenta de una banda con oficio y presencia que en cada atmósfera y en cada sonoridad sabe perfectamente como potenciar cada una de sus virtudes.

En este contexto la llegada de “No rest” inaugura el momento de la noche donde la banda pisa el acelerador sin por ello perder sutileza o eficacia. “51st State” es un punto alto según la reacción del público y la ejecución de la banda principalmente porque el comienzo acústico acompañado por la voz aguardentosa de Sullivan rápidamente se transforma en una simple pero efectiva melodía punk que se anima a incorporar un pequeño interludio reggae. Luego suena “The Hunt” que tuvo sus cinco minutos de fama en la escena pesada cuando Sepultura hizo su versión en Chaos A.D. mostrando algo de la faceta más combativa del grupo describiendo con crudeza la clase obrera inglesa de los ochentas. “Purity” cierra los mejores momentos de la noche con un consejo claro. “Nunca confíes es alguien que dice que tiene una respuesta”, es la frase que introduce la canción y la versión está a la altura de las circunstancias: en momentos convulsionados como los que estamos viviendo la palabra revolución vale doble, por lo que su lírica pega fuerte en los presentes.

La última parte del show se debate entre una versión mucho más punk que la original de “Wonderful Way to Go”, la melancólica “Green Grey” (una suerte de oda a los que recuerdan sus lugares de origen viviendo en la capital) para cerrar con un breve bis con la fiereza punk de “Stupid Questions” y “Get me Out”. Un caluroso saludo de despedida fue la pauta de que la noche había sido irrepetible. Solo para los que eligieron estar. Inolvidable.

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