Alcest en The Roxy: Apuesta a lo sensible

Crónicas
Alcest en The Roxy: Apuesta a lo sensible
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

La visita de Alcest en el 2014, además de ser una de las grandes sorpresas de aquel año había mostrado a la banda en un gran momento de la mano de Shelter, el disco más arriesgado se su discografía (y también en donde las voces guturales habían quedado de lado por sobre las atmósferas sutiles y climáticas). El resultado había sido acorde a la expectativas y el show fue recordado por largo tiempo principalmente porque parecía poco probable que se diera un regreso de los franceses. Pasó el tiempo y la banda siguió creciendo. De ser una banda pequeña pasaron a tener cierta presencia en festivales (para que tener una idea de esto llegaron a participar este año de un festival especialmente curado por Robert Smith de The Cure) y en el medio sacaron Kodama en sus propios términos una especie de alegoría ecologista que da cuenta de la relación del hombre con la naturaleza. Desde el punto de vista musical trajo una novedad concreta: el re encuentro con el contraste entre voces etéreas y guturales algo que parecía perdido pero que evidentemente todavía tiene lugar en la música de los franceses.

En este contexto la elección de recorrer Kodama en su totalidad fue una decisión previsible. Por un lado a pesar de que el disco tiene un par de años para Sudamérica todavía es una novedad. Por el otro, es el presente de la banda y no está mal defenderlo en vivo y en directo. Después de todo la idea de recorrer una obra en su totalidad (más aún la más reciente) no es una instancia frecuente que transiten los grupos que nos visitan. El inicio previo a la cacofónica intro “Onix” fue con “Kodama” (la canción) que rápidamente dejó en claro mucho de los que sucedería sonoramente a lo largo de la noche. A esta altura queda claro la gran virtud de Alcest es la capacidad de crear atmósferas volátiles, cristalinas e intensas y en este sentido la interacción entre las guitarras de Neige y Zero son claves para lograr esto. Incluso sorprendió como el liderazgo de Neige (alma musical y conceptual de la banda) en el vivo y en directo quedó desdibujado frente a la presencia colectiva. Alcest es una especie de caja musical en la que cada quien da cuerda para que todo funcione y en ese punto ninguno de los músicos que se destaque particularmente en escena, algo que sorprende si pensamos otros ejemplos conocidos en donde la búsqueda por figurar es evidente

Es tan claro que todo funciona de esta manera que incluso la figura de Neige (Stéphane Paut es su verdadero nombre) jamás resalta respecto a sus compañeros. Es más, parece haberse tomado al pie de la letra el significado del adjetivo shoegaze con el que muchos identifican una dimensión de su música. Son pocos los momentos en los que se dirigió al público, más allá de algún pequeño chiste y una tímida sonrisa. Si el nombre del estilo fue pensado para “aquellos que tocaban mirando al suelo”, aquí hubo un exponente con todas las ventajas y limitaciones de que algo así suceda.

“Eclosion” fue la primera de las canciones que incluyó voces extremas para transitar cierta referencia al black metal. En este punto es bueno hacer una salvedad: es cierto que el estilo ha sido parte de la historia de los franceses pero también lo es que han sabido transformarlo en otra cosa. Tal vez por eso los momentos más furiosos y extremos no logran la emoción que tienen los pasajes más melódicos y calmos. Incluso la voz de Neige se percibió demasiado forzada sin llegar a la incomodidad. “Je Suis D'ailleurs” y “Oiseaux de Proie” fueron dos muestras de esto que decimos. Cuando transitaron las atmósferas oníricas y emocionales (incluso apostando al juego de voces entre Neige y Zero) todo resultó emotivo y encantador, mientras en los segmentos más extremos incluso el sonido de la batería de Winterhalter (Jean Deflandre socio musical de Neige y miembro también de estudio) pareció estar muy por sobre la mezcla general intentando marcar exageradamente el mundo . Sin ser momentos deslucidos, allí en en esos intentos brutales y desgarradores, la banda no brilló. Un ejemplo de esto fuer “Untouched”, otra de las canciones sin voces guturales que se convirtió en uno de los grandes momentos de la noche principalmente porque dejó de manifiesto que en los momentos donde la sensibilidad aflora, el cuarteto cobra vuelo junto a su música.

La segunda parte del show como era previsible dio lugar tanto a las canciones más reconocibles como a las virtudes que el grupo había demostrado. La imprescindible “Souvenirs D´un autre monde” sonó como era de esperar bien onírica y fantasiosa. Las atmósferas extremas estuvieron presentes con “Percées de Lumière” y “Là où naissent les couleurs nouvelles” que tuvieron la particularidad de mostrar un contraste evidente: los segmentos más rabiosos fueron los menos en función de mostrar la capacidad del grupo de construir melodías emparentadas al post rock, a lo progresivo e incluso a la psicodelia. Luego “Autre Temps”, “Sur l'océan couleur de fer” y “Délivrance”a pesar de sonar de manera discontinuada parecieron dejar el mismo mensaje. Especialmente la última (única de Shelter que sonó en la noche) con una extensa etérea y luminosa versión de más de diez minutos tal vez sea el símbolo del lugar a donde la banda ya se animó a ir pero a no continuar. En ese tipo de canciones el grupo encuentra su lugar y su disfrute. Allí tal vez este el secreto del futuro de Alcest. Ojalá los veamos pronto devuelta

, ,