Con Walter Lezcano autor de Luces Calientes: “Esta novela funciona como una carta de amor a mi generación”

Entrevistas
Con Walter Lezcano autor de Luces Calientes: “Esta novela funciona como una carta de amor a mi generación”
Texto: Carlos Noro.

Como su nombre lo indica, Luces Calientes se anima a retomar de manera ficcional uno de los momentos más intensos y trágicos de historia musical argentina: la tragedia de Cromañon en la que un incendio provocado por una bengala y una serie de negligencias institucionales y organizativas culminó con la muerte de 194 personas y cientos de heridos que asistían a un recital del grupo Callejeros en la noche del 30 de Diciembre del 2004.
Contrario a lo que podría esperarse Walter elige una multiplicidad de voces para relatar esta historia que todo el tiempo establece relaciones implícitas con lo sucedido, sin por ello resultar una novela testimonial o realista. “Siento que la novela debe ser, por más referentes reales que tenga, una maquinaria narrativa que tenga un funcionamiento propio” cuenta cuando le preguntamos como fue el proceso de construir la propia manera de narrar la historia. Entonces, el objetivo parece claro pero no por ello simple: la idea es tomar la música y las prácticas culturales que suceden alrededor de ella como una fuente concreta para construir su propia versión de la historia. “La música siempre funcionó para mí como un elemento de calidad narrativa extraordinaria que siempre me pareció desaprovechada”, explica. “Todo lo que sucede alrededor de ella, desde escucharla, ir a recitales, hasta cómo te acercas a otra persona para hablar de determinada banda; construye lazos muy fuertes que están bueno aprovechar”. De eso se trata una novela con una vuelta de tuerca interesante para dar cuenta de una historia que todavía tiene más cosas para decir y heridas para sanar.

Luces calientes, de Walter Lezcano (Goya, Corrientes 1979). Tusquets. 184 páginas 

Luces calientes parece un título especialmente polisémico. Lo primer que sale a la superficie es la canción Ojo blindado de Sumo (Ndr. Luces calientes atraviesan mi mente/ Te veo a vos) y con ella la referencia a Luca Prodan, uno de los grandes símbolos del rock barrial ¿Cómo fuiste construyendo la manera de nombrar la novela?

El primer archivo en el que empecé a escribir la novela se llamaba Fondo Blanco pero luego en la mitad del texto empecé a sentir que por ahí remitía demasiado a un estado depresivo, oscuro, que no quería que fuera el símbolo de la novela. Por otra parte soy fan de Sumo y de Luca pero no tanto de su aspecto derrotero, prefiero quedarme con lo que simbolizaba. En ese punto aparece ese link que vos mencionas acerca de una generación musical que estuvo impregnada y que partió simbólicamente desde el personaje que de alguna manera inauguró Luca. Es claro que los afectó en muchos sentidos que van más allá del aspecto musical y que incluyen maneras de cómo encarar la carrera de una banda de rock, de cómo desligarse de ciertos decorados tradicionales, de cómo buscar una honestidad y cierta cercanía con un barrio, con una identidad. Como complemento a esto aparece toda la simbología de la letra con algo que me gusta que sea trabajo del lector: darle su propia interpretación. Luces calientes, entonces, funciona en todos esos sentidos: algunos abiertos, algunos más directos y algunos más opacos principalmente porque quiero que cada quien le sume sus propios sentidos.

Uno de esos sentidos podría ser el que se concluye a partir de la tapa en la que la imagen de alguien sobre los hombros de otro, sin remera y con una bengala en la mano tal vez sea una manera bastante concreta de dar cuenta lo sucedido en Cromañon. ¿Cómo fuiste mixturando la historia de la novela con aquella historia?

Estoy bastante ligado emocionalmente a ese período de fines de los noventa, el estallido del 2001 y lo que pasó luego con Cromañón. Para mí son tres momentos importantes que forjaron mi educación sentimental a todo nivel: a un nivel de relación conmigo mismo, con mi generación, con mi idea de lo que es un Estado y cómo debe funcionar un país. Entonces desde ese lugar, desde esa perspectiva que tengo fijada en esos momentos históricos, la tragedia de Cromañón se me imponía como una temática que siempre quise abordar de algún modo. Primero, obviamente, lo que se presentó fue sufrirlo a nivel personal aunque no haya estado allá ni haya perdido a ningún ser querido. Tuve la suerte de que no me pasara eso. Es más, recuerdo lo sucedido porque estaba cerca de Once ese día. Estaba en una parrillita a media cuadra de la calle Independencia, donde se veía pasar las ambulancias mientras veíamos por Crónica lo que estaba pasando. Creo que desde ese momento surgió el mito, o la idea de cómo puede gestarse la obra. Supongo que ese fue el momento de inicio, a partir de enterarse de lo que pasó y luego percibir cómo se fue desarrollando a nivel político. Después empecé a preguntarme por mucho tiempo por qué algo así puede ser posible. En ese punto sumé la lógica pregunta de por qué alguien que va a buscar la felicidad encuentra todo lo contrario. Ese tipo de preguntas son las que me inquietaban. Luego cuando tuve la idea clara de escribir una ficción respecto al tema me di cuenta que tenía que desligar completamente de la parte periodística, de investigación, de tratar de reflejar algo hiper realista. Entonces ese despojamiento funcionó como una llave a una libertad, como una suerte de momento epifánico, porque encontrás la liberación ahí. De alguna manera decís eso no es lo que tengo que hacer, ya sé dónde es el camino. A partir de ahí, la idea de generación empezó a parecerme vital, súper importante, lo que me llevó a definir la manera de contar la historia con una diversidad de voces. Un narrador en primera persona o un narrador en tercera persona me hubiera limitado demasiado esta perspectiva de clima, de generación de época donde mucha gente se conectaba a partir de algo puntual.

¿Qué características podes mencionar como generacionales? Es fuerte la idea de un grupo que fue a buscar felicidad y se encontró con la tragedia, más si tomanos que mucho de esto parece tener inicio en el post 2001 ¿Qué cosas se perdieron?

Lo que me parece importante recordar esos años es que nosotros, los que estamos en el fondo de la olla, nos dimos cuenta que no íbamos a entrar en los planes de los que manejaban el poder de este país. Y cuando hablo de poder, hablo del poder económico, del Estado y hablo también del poder político. En ese sentido me pareció importante tomar a Solano, donde sucede la novela (Ndr. San Francisco Solano es una localidad del Gran Buenos Aires, repartida entre los partidos de Quilmes y Almirante Brown) como un centro de operación de un montón de gente que sabían que estaban siendo olvidadas por el Estado, y sin embargo querían activar acciones que les traigan felicidad intentando contra restar la tristeza de esa época y de esos años. Está bueno lo que decís del post 2001, porque era claro que estábamos absolutamente solos a nivel social: recuerdo que había que rebuscárselas de mil formas. Dentro de esa búsqueda del mango, del billete, de la moneda, la alegría tenía que entrar, tenía que empezar a circular. Por eso muchas de las acciones tenían que ver con ese sentido, ser felices a pesar de ser olvidados, a pesar de que nadie nos tomaba en cuenta. Yo creo que esa es una característica clave de la generación que está en la novela y refiere a la generación de Solano, que eran mis amigos y el lugar donde yo crecí. La obra funciona como una carta de amor a ellos.

¿Cómo entra la música en todo esto?

Aparece primero con la idea de hacer música con lo que teníamos a mano. Yo tuve la suerte escuchar música muy variada, porque tenía amigos que veían de otros lados y tenían guita, incluso tenía internet, algo que para nosotros era un cosa extraña. En este contexto, la posibilidad de hacer música con nada formaba parte de las acciones que llevamos a adelante para ser felices. Nosotros teníamos discotecas muy pequeñas y encima con discos re grabados. Entonces también esa precariedad sonora y económica, hacía que nuestras acciones tuvieran esa impronta.

Martín el personaje principal de la novela toma la música como una manera de estructurar el vínculo con los otros y de generar cierta identidad. Parece como si la música viniese a suplir todas estas carencias que mencionabas antes, con una escuela que no funciona, un Estado que no da trabajo, una familia disfuncional ¿Es su forma de sobrevivir?

Para mí y para los chicos de los cuales hablo en el libro, la música funcionó en esos años como el único refugio posible, haciéndola, escuchándola, hablando sobre ella. Es cierto lo que vos decís, la escuela no daba ningún tipo de posibilidades de aspiración a movilización social, entonces creíamos que la música tenía el elemento de monada que nos cuidaba del exterior, que nos mantenía con el ánimo encendido. Te daba todas esas cosas copadas de poder conocer gente, coger, escabiar, pasar el tiempo que era lo único que teníamos, porque no teníamos guita, ni aspiraciones, ni compromiso con nadie. Entonces a partir y con la música podíamos pasar un tiempo que era increíble y nuestro.

Es inevitable pensar en en Callejeros, la idea de un público participe y protagonista capaz de generar una fiesta que rompa la separación del público con la banda ¿Te parece que Cromañon fue el punto más alto de toda esta manera de sentir?

Por ahí la tragedia vino a sellar un momento histórico que estaba cambiando. Creo que ese fanatismo funciona de una manera de una manera muy simple pero a la vez profunda: hay gente que forma una familia para tener un lugar de pertenencia y hay otros que utilizan una banda para que su vida empiece a tener sentido, que actúen en función de algo, con todo lo que eso implica. Lo que quise retratar con todo ese aguante que había alrededor de la letra de Los Nietos del Carnicero (Ndr. La banda que sobrevuela toda la novela) era cómo ciertas sensibilidades empiezan a construir lazos de pertenencia e identidad alrededor de algo, de un fenómeno determinado. Eso generaba el acercamiento con el otro, de ponerse las pilas con algo que te emociona al punto que tu vida misma se iba organizando para que llegar al sábado, o al domingo, o al viernes, para ir a los recitales y poder estallar finalmente. No siento que eso haya sido el causante de lo que pasó en Once, lo que si siento es que había un grado de inconsciencia muy grande porque determinados corazones estaban queriendo ser felices frente al olvido exterior. Creo que todavía no se entiende esa pata del afecto, de la buena gente que era estos pibes y estas pibas. Hay algo ahí que no se toma en cuenta, y yo quería que esté presente. Por eso es muy alegre toda esa primera parte. Son muy felices todos, eso es lo que creo que faltó cuando se habla de la tragedia: la cantidad de alegría que había antes de ese momento.

Siendo parte de época, teniendo una identidad muy arraigada en ese momento ¿En algún momento pensaste que podía llegar a suceder algo así?

No sentí que iba a ocurrir una tragedia de esas características. Lo que sí sentí, percibí, porque siempre fui fan del rock y me gusta pensarlo, sentirlo y volverlo a pensar, que las cosas cambiaron definitivamente para siempre. Eso lo vi con claridad. Por eso creo también que sino hubiera ocurrido la tragedia, el cambio en lo musical se hubiese dado igual. En vez de llamar a este rock post Cromañón, lo hubiéramos llamado de otra manera. Lo hubiésemos llamado post, porque las discográficas se estaban derrumbando, otros estilos estaban copando la parada, estaban apareciendo un montón de cambios que estaban demostrando que el rock tenía que reinventarse, resignificarse. El fenómeno de la bengala estaba siendo cada vez más cuestionado, estaba siendo puesto en un lugar de no disfrute, de no placer. En eso sí sentí que en algún momento eso iba a tener que cambiar, la gente que hacía el aguante de esa manera tenía que empezar re pensar la manera de hacer su festejo. Eso sí me parecía, pero ni a palos se podía anticipar una tragedia de esas características. Cuando estalló el 2001, como todo el mundo estaba buscando laburo, y la verdad es que me sentía absolutamente desolado frente al hecho de que yo estaba saliendo a la vida y el país me mostraba ese rostro absolutamente despreciable. Cuando pasó lo de Cromañón sentí como un vacío muy parecido a ese, como que nuevamente el Estado nos mostró qué lugar tenemos los pobres en sus planes.

 

¿Te parece un poco que la tragedia de Cromañón fue vista de manera cruel y despectiva por cierta intelligentsia del rock que siempre despreció a esa música y a ese público?

Si, había una mirada absolutamente elitista acerca de quién disfrutaba del rock barrial, sobre qué tipo de educación tenían. Siempre estaba la mirada tipo entrevista laboral, intentando definir si cumplías ciertos requisitos para entrar a cierto espacio o ser un melómano de rock. Eso es una mirada absolutamente de clase, es una mirada totalmente discriminadora. Un poco lo mismo sucedió con la cumbia villera. Rápidamente empezaron a surgir todas esas miradas que se enmascaraban detrás de la figura de la estética que decían que no estaban condenando socialmente sino que tocaban mal. Lo cierto es que no, estaban diciendo que éramos unos negros, pobres, disfrutando algo para negros y para pobres. A ese tipo de disfrute se lo ve como menos elevado o como más cercano a la tierra, y no tanto a cierta aspiración de absoluto. En ese sentido siempre se destapan las ollas de quiénes son las personas, y qué es lo que piensan realmente. Ahí empieza a surgir racismo, discriminación, xenofobia, la mirada de clase. Eso estuvo muy presente.

Otros temas de la novela parece ser una especie de búsqueda por definir lo que es el rock y su límites, incluso hay una especie un entrecruzamiento con la cumbia y otras prácticas populares como la murga. ¿Qué conclusión te parece que deja el texto para el lector?

Siempre me interesó pensar un texto literario como una pregunta lanzada a tu época. Creo que en este momento es cuando más tendríamos que pensar realmente qué es el rock. Si en ese momento el rock era, para este grupo de personajes que aparece en la novela la tabla de salvación frente a la inundación que implicaba no tener absolutamente nada ni expectativas de futuro, habría que pensar qué significa hoy ser rockeros y qué hacemos con esas ideas, mas si tenemos en cuenta que la gente que creció con este rock de hoy parece que ya no va a recitales, les alcanza sólo con las redes sociales. Tal vez es la gente que no encontró todas esas promesas que el rock también traía y se perdieron ciertos ideales. La novela intenta cuestionar cierta idea de rock y eso está encarnado en Martin (Ndr. Protagonista).Él está enemistado con la cumbia, con lo considerado rock barrial, con hacer música. Además escucha pocas bandas. De alguna manera está enemistado con lo que para mí son lugares comunes de lo que es un rockero. Lo que me pareció importante es ir regulando la narración para que no se viera una mirada definitiva acera de qué era el rock, por lo que termina habiendo diferentes versiones de lo que puede ser el rock. Si vos me preguntas a mi qué es el rock, yo digo que es lo mismo que me produce la lectura: aquello que me lleva a la libertad, lo que me lleva a una zona de placer, a una zona de concretar deseos. Prefiero hablar más de actitud rockera que de estilos de rock. Me erotiza mucho más eso que por ahí definir un tipo de rock, o relacionarlo con campera de cuero, la guitarra eléctrica y la distorsión. No me relaciono con ese tipo de estampitas.

 

Por otro lado elegís situar la acción en la zona sur del conurbano dando cuenta de una manera de ser bien particular ¿Por qué elegiste ese espacio físico y no otro?

Al crear una mitología propia del lugar el Solano de Luces Calientes se piensa como centro. Es ahí donde está pasando todo, y donde los personajes se mueven, no dicen: “che, mira quien está tocando en Niceto”. No les importa. En ese sentido a mí me interesa pensar la cultura popular, desde los mismos pueblos y no en relación a otros pueblos que supuestamente podrían ser los portadores de cultura, o alta cultura. Solano es un lugar que tiene su propia cultura, su propia creación de zonas de placer, su propio rock y está todo funcionando ahí, y los personajes también lo ven así.

En este sentido toda la primera parte es una gran descripción identitaria para presentar este universo que incluye una manera de sentir, de vestirse, de hablar y de vivir...

Para mí una cultura tiene muchos elementos que son vivenciales. Está la estética, el look, la música, el baile, la ropa. Son todos elementos funcionando para lo mismo. En un sentido dentro de la cultura del rock “rollinga” o del rock barrial existían aquellos componentes identitarios que eran visibles. Yo quería destacarlos, darles vida. Esto me ayudaba a correr el binomio centro periferia para decir: “esto está pasando acá y es lo único que está pasando”. Los personajes en el libro están haciendo lo suyo, preocupados para que funcione a su sensibilidad y todo lo que generan.

Es una idea genuina y hasta naif

Es que a mí me encanta la idea que haya inocencia en la gente. Me enamora la inocencia de estos personajes, por eso hablo de la alegría. Uno iba a buscar la felicidad y vivir como un descerebrado, en el más bonito sentido de la palabra. Lo que hacíamos era vivir en función, en función de no tener plata, de no tener expectativas, de no tener nada. Sólo esperabas el fin de semana para pasarla bien con tus amigos en el bar tomando una cerveza porque no había plata para otra y escuchar una banda, escuchar rock and roll. Para mí es mucho más emocionante de lo que suena, porque hay horas, hay tiempo, hay juntada, hay cuerpos, hay deseos, hay muchos niveles de sentidos circulando que se pueden desprender de esos hechos. Estamos hablando de gente pobre, que va construyendo sus leyendas de vidas, sus mitos de origen, con lo poco que tiene a mano.

Me llama mucho la atención la elección de epígrafes de canciones para iniciar los capítulos: Calamaro para la primera parte, y El mató a un policía Motorizado en la segunda ¿Por qué ellos y no otros más ligados al rock barrial?

Para mi gusto ese Calamaro de fines de los noventa, fue el único artista pop de esos años que se volvió rockero en cuanto a la manera de encarar la música. En ese período, incluso ahora va a salir un libro que se llama Días Distintos en que voy a hablar un poco de ese Calamaro, se relacionó de una forma genuina con las necesidades que tenía el país en ese momento. Él llevó su propia vida a lo que sucedía en ese momento. A pesar de que tenía un montón de guita, se encerró en su departamento, compró micrófonos en el Once, se hizo su estudio y grabó así, a lo pobre, como se estaba viviendo en el país. Creo que ese espíritu rockero de buscar la libertad sin tarjeta de crédito, se relaciona muy bien con estos personajes. Por otra parte, cuando construís una historia tratás de no ser tan obvio. Eso me llevó a inventar una especie de símbolo para que el lector entre en una búsqueda de por qué el autor elige poner tal cosa en el libro, que se pregunte qué quiso decir con esto.

El Mató… refiere a un periodo mucho más actual

El Mató, para mi gusto representó lo que mejor pudo hacer una banda con lo que le dejaron del rock nacional. Fue una banda que pudo reinventar sonidos, pudo tomar influencias de afuera atractivas, pudo construir una independencia, pudo actuar desde una zona súper linda como es La Plata que que encima tiene la particularidad de ser un poco periférica. Además pudieron utilizar muy bien la herramienta de internet. En algún punto lograron adaptarse a su época y a lo que quedaba del rock nacional, realizando algo estética y simbólicamente significativo en esos tiempos. Eso hizo que me llevara a poner epígrafes de las canciones de ellos, pensando en cómo Martín también puede transitar ese momento de resignificación después de la tragedia.

Claramente en segunda parte Martín busca la música como un espacio de identidad...

Si, totalmente. La idea de recomposición del rock en el siglo XXI está en El Mató. ¿Cómo hacemos rock en el siglo XXI teniendo internet, muerte, mainstream, un mundo globalizado? ¿Qué hacemos con eso? De hecho es la misma pregunta que se formula Martín a lo largo de la segunda parte ¿Cómo sigo mi vida, cuando todo lo le daba sentido ya no está? ¿Qué es este determinado tipo de rock? ¿Cómo se reconstruye alguien cuando todo lo que le daba sentido se pierde? Una mirada fuerte para alguien tan joven.

En este sentido una posible respuesta a todas estas preguntas es la decisión bastante miserable de Martín de lucrar en algún sentido con la tragedia en el medio de una segunda parte donde el libro se torna mucho más denso. ¿Por qué decidiste que Martín tome ese camino?

Creo que la respuesta tiene que ver con complejidad es narrativa. Es un elemento de la narración sumamente importante para que un lector tenga ganas de seguir leyendo y generarse preguntas y que la historia siga vitando en uno cuando uno cierra el libro. Martín no parecía en la primera parte del libro el protagonista de alguna manera es no es un elemento esperado dentro de lo que es el devenir en la novela .

Y la que parece la protagonista, Alejandra, no tiene voz...

Eso es más simbólico, como que el amor tiene ese elemento muy misterioso, indescifrable. Creo que vamos a seguir hablando del amor toda nuestra vida, lo vamos a vivir como podamos nos va a seguir atrayendo. Siempre va a ver un elemento que no vamos a poder descifrar del todo. ¿Por qué nos dejan? ¿Por qué se enamoran de nosotros? ¿Por qué va todo bien y después todo mal?

Martín siempre está deambulando en estas preguntas...

Claro. Creo que lo que él siente es que si bien Alejandra fue lo mejor que le pasó en la vida, creo que intuye que fue también fue lo peor. Son esas dos instancias del amor: cuando lo tenés y cuando lo perdés. Está esa pregunta que es interesante, ¿sabiendo lo que te pasó igual lo hubieses elegido? Yo creo que la mitad diría: si totalmente, me lo re banco, mientras dirían al mismo tiempo: ¡no! No, quiero sufrir. Entonces esas decisiones narrativas de construir algo inesperado, complejo, difícil de masticar, hacen también que uno tome esa decisión de poner cuestionamientos, como por ejemplo, ¿qué es un sufrimiento al fin y al cabo? ¿Quién puede alegarse así mismo el título de sobreviviente? Todo esto pone en duda ciertos manejos Estatales y cómo el Estado maneja una tragedia social, que él mismo generó. Sirve para dar a los personajes ciertos pliegues y mostrar que una narración tiene que ser cualquier cosa menos yuta. Debe Mostrar la complejidad de la vida. Mientras los narradores alcemos el dedito a nivel moral-ético, más vamos a ganar en complejidad y belleza. Yo creo que el caos es belleza y en ese sentido Martín es un quilombo (risas).

Pensaba en la estructura del libro y la idea de tragedia clásica. Uno arranca y ya sabe lo que va a pasar ¿Pensaste desde un principio contarlo como un destino inevitable?

Si, pero me interesaba contar también una forma posible de sobrevivir a una tragedia. Una tragedia que tiene muchos niveles: personal, amorosa, generacional, Estatal, de un país. Y también ver en Martín cómo es posible seguir adelante con todas esas trabas. El personaje de Martín es una persona totalmente limitada, no tiene herramientas, ni culturales, ni familiares, ni económicas, ni psicológicas, ni emocionales. Nada no tiene absolutamente nada. Hace lo que puede.

En el último tiempo hay muchos autores que tematizan el rock o lo musical ¿Qué te parece que resulta atractivo de todo esto?

Creo que nos dimos cuenta que la música es una puerta increíblemente rica para entender la cultura de un país, su historia y también el devenir de algunos acontecimientos. Alrededor de ella se generan experiencias, ya sea para los músicos, para la industria, para el público también. Y en ese sentido todos los estilos, o bandas que llegan a determinados niveles de popularidad, o algunos fenómenos como el hip hop, el trap o la cumbia nos permiten descubrir situaciones propias de la época en determinado grupo social. Creo que tiene que ver con haber descubierto que la música forma una parte importante de mucha gente. Eso a su vez nos permite entender a esa misma gente. Creo que Luces Calientes lo que intenta es dar cuenta de una cultura joven, por eso tampoco hay padres ni adultos, porque ellos nunca hicieron nada por estos pibes, más que someterse al poder. Entonces creo que los libros de rock, son una rica puerta de entrada a diferentes realidades, que de otra forma no podríamos entenderlas sino es a través de la música.

De alguna manera parece que la música es una puerta para percibir a ciertos actores sociales de una manera real y concreta ¿Qué caracterizaba a ese rock barrial del que hablábamos al principio?

Había búsqueda de honestidad. Una recurrencia en cuanto a tratar de encontrar aquello que era honesto. Era muy importante no caretearla, no ponerse mascaras. En algún punto por eso se tocaba en la esquina, había como un símbolo en eso. También un poco la búsqueda era la de ir en contra de esa idea de rockstar, figura que aparecía como enemigo de la honestidad. Yo creo que esa enemistad generaba como displacer y uno ya no podía disfrutar de la música, porque esa persona ya no estaba siendo honesta con su público. También era una búsqueda durante esos años que llevaba al placer y al disfrute. La honestidad nos permite acceder al amor en términos más concretos y reales.

En algún punto esta idea que planteás se puede contrastar con la de “futbolización del rock” que estuvo tan presente en aquellos años ¿Cómo te parece que funcionar esta relación?

Me parece que cuando se habla de futbolización del rock para definir esos años hay un desconocimiento de todo, principalmente porque mucha gente que iba a ver a las bandas no sabía del fútbol, solamente estaba expresando su amor por una banda. Eso era todo, no había un link concreto y real con eso. Si me parece que era bastante generalizado el nivel de inconsciencia que se manejaba, una inconsciencia relacionada con la inocencia y lo naif, no relacionada con la maldad o con el intento de perjudicar al músico o de al lado. Era más que nada una cosa relacionada con una filosofía punk: disfrutemos el hoy, no sabemos qué va a pasar mañana.

En algún punto vos venís diciendo a lo largo de la nota que después del 2001 todo fue caos y que después de eso parecía que nada podía ser peor ¿Fue una especie de castigo para toda esa gente?

Obviamente que uno dice puede reflexionar sobre la inconsciencia de prender una bengala en un lugar cerrado. O sea, nadie estaba pensar en términos de un ingeniero manejando las variables de un lugar que pudiera prenderse fuego. También estoy seguro que nadie tenía una actitud de desprecio por el otro en la que la muerte no importaba. Era la inconsciencia de dejarse llevar por el momento, que tenía que ver con la situación socio-política y económica del país mas que la maldad intrínseca del ser humano. Es la mirada que yo tengo sobre esos años y sobre nosotros mismos. Creo que es una manera interesante de pensarlos.