Las Sombras en el Teatro Margarita Xirgu: El Blues del disfrute

Argentina Beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda (Caja Negra) Compilación de Federico Barea y prólogo de Rafael Cippolini
Crónicas
Las Sombras en el Teatro Margarita Xirgu: El Blues del disfrute
Texto: Roma Marcaletti | Fotos: Seudo Blanco. Facebook Las Sombras

Irónicamente cuatro forasteros se adueñaron de la escena porteña en donde la música sigue estancada en su filosofía egocentrista federal. Mientras muchos se conforman con una gestión conservadora ligada siempre a repetir los mismos circuitos con bandas amigas, otros directamente se arriesgan a todo y saltan a conquistar desde la periferia- desde Las Sombras- las mecas culturales. Quizás este no haya sido su objetivo, pero como una simple espectadora, eso fue lo que sentí el viernes 27 de julio en el hermoso Teatro Margarita Xirgu, cuando presentaron oficialmente su segundo disco de estudio, Crudo.

Eran las diez y media de la noche, dentro del  Teatro todas las butacas se encontraban alrededor de los palcos y no en fila mirando al escenario, como es natural encontrarlo. A medida que llegaba la gente se sentaba o se quedaban en un grupo charlando, mientras se escuchaba música funky. Antes de asistir había buscado algo por internet sobre Margarita Xirgu: una actriz española nacida a fines de 1800 exiliada a Sudamérica durante la dictadura franquista. Lo admito, me pareció genial que lo hicieran en aquel lugar, que  tiene como referencia una artista de otras tierras. Como si uno tomara las señales y se diera cuenta que en el arte no hay fronteras, ni límites para embarcarse. El lugar era perfecto, como si el tiempo se hubiera detenido, con sus focos de luces tenues casi imperceptibles, el techo ovalado pintado al estilo neogótico,  los palcos, el piso, el olor a historia y otra vez la libertad de movernos como espectros por donde nos lleve la inspiración.

El show arrancó diez minutos después de las once y duró exactamente una hora, lo que pareció un suspiro. Como siempre repito, cuando eso pasa es porque la banda logró con éxito dar lo mejor y hacer vibrar a sus espectadores. A penas las cortinas pesadas se abrieron y en el escenario se encontraban Nicolás Lippoli, Manuel Fernandéz, Julián Pico y Mauro Lopéz, junto con un tecladista y vientos. Sabíamos que nos íbamos a sumergir en un viaje profundo. Y así fue. La velada arrancó con Espejismos, a manera de Intro. Le siguieron los tres temas consecutivos del nuevo albúm Rock and Roll del idiota, Solo y perdido, y Boogie del recuerdo. Tras aquella ráfaga, sobrevino otra del primer disco homónimo: Atención Divina, El ciudadano y Van detrás. Las Sombras es una banda de Blues que juega con irse más allá de lo convencional, seduce con otros estilos, logra profundizar arreglos más pesados y explora con la heterofonia de las voces que construyen armonías con texturas muy particulares. El estilo sobre el escenario también es peculiar, no sólo por la estética sino por los movimientos de sus integrantes, sobre todo de Nicolás quien se desenvuelve muy bien como frontman. Al primer impacto parece una banda que surge del pasado, pero al instante sucede que uno se sorprende, ya que es bastante fresco y novedoso. Tiene un toque  vanguardista, como si utilizaran la receta tradicional y la reinventaran, mostrando algo completamente nuevo.

Luego de la primera parte, dan la bienvenida  y enfatizan en algo que caracteriza al público de Las Sombras: la diversión. Toda la naturaleza que nos rodea y el universo en sí mismo, completa el marco de nuestras experiencias, aquello que nos define y crea lo que somos .De eso se trata, estar en el presente siendo feliz en el proceso y trasmitiendo esto a los demás. Los chicos de La Pampa nos regalaron una excelente noche, llena de momentos en los que tras palabras bastantes realistas y a veces un poco duras, no hicieron vibrar. Si dejabas de prestar atención al escenario, podías observar el disfrute de la gente. Como siempre los más enérgicos adelante cantando las canciones, agitando, y atrás los más relajados, cerrando los ojos y bailando solos. Lo interesante fue cuando en Blues para los amigos, Nicolás baja del escenario para cantar con el público, sin guardias, sin histeria, sino con la cálida compañía de quienes disfrutan tanto como él. Algo particular ocurre también con Nada más, cuando el público se acerca más al escenario y canta al unísono con la banda, un climax algo nostálgico para quienes venimos golpeados por el amor.  Vuelven  a subir la tensión a otro estado más liberador con Todo ahora es mucho mejor y Los chicos de tu barrio, concluyendo de esta manera una velada particular.

Las cortinas se cierran, las palmas siguen haciendo eco en un viejo teatro, y en algún lugar de la noche aquellos recuerdos se guardan.  ¿Vas a volver a verlos? Si, obviamente que sí. Ese es el principal efecto de Las Sombras.