Lisandro Aristimuño en el Luna Park: El orfebre.

Crónicas
Lisandro Aristimuño en el Luna Park: El orfebre.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dalla Cia

Lisandro aristimuño volvió al Luna Park a refrendar sus canciones. Música popular, post rock, post punk, aires folclóricos para uno de los artistas más inquietos que tiene la música argentina.

Tal vez lo que la música tiene en común con otras ramas del arte es la posibilidad de conmover y transformar a quien se acerque a ella. También podríamos decir que no todas las ramas del arte son iguales así como no todas las músicas son iguales. Entonces que algo guste o no depende de muchos factores subjetivos, propios, individuales o culturales pero por sobre todo de la posibilidad de abrirse hacia lo nuevo y lo desconocido. Algo de esto sobrevoló en esta segunda visita de Lisandro Aristimuño al Luna Park luego de haber presentado su último disco Constelaciones en Septiembre del año pasado. Entonces no fue para nada casual que a diferencia de aquella presentación en la que el mismo Lisandro se había encargado de introducir algunos aspectos de las canciones, esta vez las palabras fueran breves y contundentes. Dos frases a lo largo de la noche sirvieron de muestra. La primera luego de haber arrancado el show sin intervenciones (“Esta noche es para que nos olvidemos un rato todo lo malo que está pasando afuera” para seguir con un “Vamos a flotar”) y la segunda toda una declaración de principios (“Prefiero más el tiempo de la música que el de las palabras). Cada una de ellas sirvió de definición para dar cuenta de la función transformadora de la música de Aristimuño, un aspecto para nada menor en los tiempos que vivimos.

“Me hice cargo de tu luz” fue la elegida para dar comienzo al set y en algún punto sirvió para marcar las pauta de como las canciones se irían desenvolviendo a lo largo de la noche. En este sentido, si tuviéramos que poner en palabras lo que fue sucediendo en el escenario y la dinámica colectiva que se fue generando, deberíamos pensar sin exagerar en la labor de un orfebre. Si bien Lisando es el eje de lo que sucede en escena, su guitarra y su voz funcionan como disparadoras para la presencia de una banda muy enganchada en el trabajo artesanal de modelar con paciencia y dedicación las canciones.

Desde es punto iniciático, el grupo Martín Casado (Baterista y Coros), Carli Arístide (Guitarras), Rocío Aristimuño (Percusión y Coros), Lucas Argomedo (Bajo y Cello), Ariel Polenta (Teclado, Synths y Coros) y Pablo Jivotovschiin junto a Tano Diaz Pumará (Violinistas) no tiene ningún tipo de prejuicios a la hora de recorrer caminos y estilos musicales. Entonces, esta primer canción toma forma post rockera (con las progresiones armónicas e instrumentales propias del estilo) sin por ello resultar una copia a cualquiera de los referentes del mismo. “How Long” parece una continuidad en esa tónica pero no lo es. De repente los samplers disparados por Lisandro, se transforman en un vibrante zapateo que pone en primer plano a su hermana Rocío y le dan a la canción (una oda anticapitalista y a la necesidad de que no todo tenga un precio) sangre humana con un trasfondo percusivo de corazones latiendo. Esa especie de visceralidad tal vez sea uno de los rasgos más evidentes de la música de Aristimuño. Ver sus canciones en vivo y en directo permite comprenderla y disfrutarla, algo que el repertorio mismo se encarga de acentuar.

“Una flor” navegó entre lo Floydiano y lo blusero (o en todo lo blusero que puede ser Pink Floyd) para generar una cadencia onírica sostenida en las guitarras. “En mi” tuvo una versión en que la iluminación de Patricio Tejedor (utilizando leds con alguna referencia a lo mostrado por Sigur Ros en su visita a la argentina), la distorsión y cierta atmósfera tribal cobró protagonismo y mucha intensidad. Esto pareció extenderse hacia una bellísima versión de “Plug del Sur”, por momentos mínima y por momentos con una interesante experimentación sonora, casi como intentando mostrar intencionalmente que dos sonoridades a priori diferentes (las guitarras acústicas y el noise) pueden convivir sin problemas en lo que fue algo así como un punto seguido para la primer parte del show.

Invitados y el recuerdo para Cerati

Mientras un piano eléctrico era acomodado a su derecha Lisandro se tomó el tiempo para presentar con mucho cariño y admiración a Lito Vitale y a Juan Carlos Blaglietto para una versión en formato trío de “Tu nombre y el mío”. Sin exagerar la elección de los invitados y de la canción fue perfecta y tampoco es exagerado decir que fue uno de los momentos más conmovedores de la noche, al punto que el mismo Lisandro se vio visiblemente emocionado. En especial la voz de Baglietto (sostenida en los bellos arreglos de piano de Vitale) pareció tomar la canción como suya. El silencio en el Luna Park fue tan intenso que más de uno se sintió envuelto por ese viento sur que dice respirar la canción. Inolvidable versión que envolvió con su belleza a todos los presentes para luego continuar con “El plástico de tu perfume” en donde Lisandro todavía lucía conmovido.

Fabián “El Zorrito” Von Quintiero fue el elegido para homenajear a Gustavo Cerati (“El ángel eléctrico” fue la definición de Lisandro) el mismo día de su cumpleaños. “En el séptimo día” fue la canción en una versión intensa, rockera en donde el bajo del zorrito tuvo un interesante protagonismo. El acostumbrado medley entre  “Avenida Alcorta” del primer disco solista del ex Soda y “Para Vestirte hoy” fue otro de los momentos en donde la intensidad fue protagonista. En especial el trabajo de las cuerdas fue clave a la hora de encaminar sonoramente la canción. El resultado fue una ovación de pie de todo el estadio.

“La última prosa” generó un clima de intimidad y belleza que contrastó, para bien, con una versión fiestera y propia de los carnavalitos norteño de “Anochecer” en la que casi toda la banda con mirada cómplice ensayó algún pasito de baile. “El beso” e “Hijo del sol” mostraron otras posibilidades sonoras. La primera se sostuvo en un impecable trabajo conjunto entre la percusión electrónica de Rocio Aristimuño, el desempeño rítmico de Martin Casado y el impecable aporte de las cuerdas sosteniendo el ímpetu de la canción. La segunda propuso un comienzo rockero- blusero (aquí Carli Aristide propuso el feeling necesario) y encontró en la potencia y firmeza de la voz de Lisandro una buena atmósfera para sostenerse. Juntas dieron la pauta de algunos de los recorridos que puede realizar el grupo.


 

Nuevos invitados y “amor verde”

Elena Roger fue la elegida para acompañar esa especie de canción de cuna que es “Tres Estaciones” en un momento íntimo y emotivo. “Anfibio” fue una de las canciones donde la banda funcionó como un magma sonoro. Allí la tensión, el dramatismo y la fuerza de la melodía fueron protagonista en un in crescendo que incluso la iluminación supo potenciar. “Good Morning Life” bajó el pulso pero no la intensidad. Aquí el beat del bajo de Lucas Argomedo reproduciendo el latido del corazón permitió que Lisandro soltase la guitarra y ensayara algunos pasos de baile. La interpretación subió varios puntos a la belleza de la canción que fue el primer corte de Constelaciones.

“Azucar del Estero” otras en las que el público cantó a viva voz, también mostró el nivel de disfrute que todo el grupo logra en escena,  algo no muy frecuente para el standard musical y que es una característica de lo que sucede en los shows del cantante. Aquí no hay caras largas, nerviosismo ni presiones. Aristimuño ríe, mira y gesticula como si estuviera en un ambiente familiar. Eso contagia y el resultado es que quienes están alrededor proponen la misma vibra.

Emanuel Horvilleur fue el último invitado de la noche para “Tu corazón”. Sin ningún tipo de pruritos el integrante de Illya Kuriaky and The Valderramas supo darle su impronta a la canción sin por ello hacerla perder su identidad. La versión por momentos rapeada y siempre con una cadencia pop, fue una hermosa manera de relata una historia triste que al mismo tiempo funciona como ejemplo redentor.

A la altura de “Green Lover” ya había habido varios momentos en los que parte del público había cantado “Aborto Legal, en el hospital…” con obvias referencias a lo sucedido durante la semana en el Senado con la votación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Este fue el momento en el que además de dedicar la canción como siempre a las Abuelas de Plaza de Mayo Lisando tomó postura clara (“esta canción se llama Green Lover y Green es verde” dijo en obvia referencia al color de los pañuelos de la campaña) para luego generar una versión donde la distorsión y la pesadez fueron protagonistas con el objeto acompañar el grito por lxs que ya no están. La iluminación verde fue la pauta de donde están parados Lisandro y su banda y en este punto tampoco se necesitaron demasiadas palabras.

“Voy con  vos” con una melodía cercana a la cadencia del post punk y “Es todo lo que tengo” que inspiró a todo el estadio a ponerse de pie mientras Lisandro agregaba “Mi hija Azul” a ese catálogo de cosas que la canción relata, sirvieron de cierre para el repertorio formal del show. Especialmente la última sirvió para que muchos y muchas canten a viva voz en uno de los momentos más divertidos de la noche.

Bises: Soledad y Fiesta.

La primer canción de los bises mostró a Lisandro en soledad (“Voy a hacer una canción romántica solo con la guitarra” dijo) para generar una hermosa y sutil versión de “Vos”. Luego la banda a pleno volvió para hacer una ruidosa versión de “Pozo” en donde hubo intensidad, dramatismo, un interesante juego con los samplers y sonrisas cómplices que se extendieron a “Elefantes”. Aquí el cierre fue perfecto, sostenida en la percusión selvática que le da atmósfera a la canción. Saludos finales con la banda a pleno y la sensación de haber pasado dos horas inolvidables. El trabajo de orfebrería nos mostró sus mejores piezas creadas con una paciencia y un cuidado extremos. El resultado fueron estas veinticinco piezas-canciones artesanales que surcaron el Luna Park.  No es poco para los duros tiempos que vivimos. Que se repita.

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