Proceso íntimo para progresar

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Proceso íntimo para progresar
Texto: Roma Marcaletti

La gran virtud de El Progreso es sorprender pero para eso hay que escuchar la obra en su totalidad. Este es un disco que escapa a la costumbre de escuchar canciones sueltas. Aquí hay que escuchar sin distracción y el oyente se va a encontrar que en la suma de todos los temas uno encuentra una narración, una historia interesante que parece sacada de algún video juego de supervivencia. Por un lado, tenemos un personaje que lucha contra lo que es inevitable, el desamor. Y por el otro, un mundo en ruinas que de a poco va dejando lugar a una nueva idea de Progreso. Esa idea se resuelve porque el personaje parece haber conseguido transcender de su propio dolor para luego encontrar desde los escombros la salida, o más bien, la puerta a un nuevo comienzo.

Retomemos.  En el inicio de la historia, “Hormigón”, se muestra como un llanto ante la distancia que se opone entre el personaje y quien una vez fue su amor, dentro de un mundo rodeado de muros. En “Mientras todo se apaga”, ese mundo comienza a derrumbarse. El tercer tema, “Talismán”, da la idea de encontrarnos en un escenario parecido a una ciudad devastada luego de una guerra, entre la niebla él sabe que no volverá a verla nunca más. “Tumbas de Cristal” se muestra al personaje casi paranoico, encerrado en una realidad oscura, esperando ser salvado y queriendo rescatar los últimos recuerdos que aún le quedan de ella. En “Círculos de Ansiedad”, pareciera que los años hubieran pasado y que el personaje se acostumbró a vivir dentro los escombros, seguro de sí mismo. Mientras que es ella la que parece no poder sobrevivir.  Entrando en la segunda parte del disco, “Cartas  desde el fin”, retrata cómo el personaje de alguna manera sufrió un cambio profundo que lo ayuda a salir de los escombros en busca de un nuevo horizonte, y ahora que ella ya está muy  lejos, el personaje reza: “ya no sé quién sos, olvidaré mi suerte para ser mejor”. Esta búsqueda se hace más mucho  evidente en “Terraplen”, hasta llegar al último tema en el cual toda la esperanza está depositada en el porvenir: “Nada será lo era, no mires atrás, sólo queda el progreso”.

En la primera parte del álbum la música es sencilla. Pero a medida que uno viaja por la historia, la composición se vuelve también más compleja y hasta cobra más vida, a diferencia del inicio que es bastante triste. Sobre todo en los últimos tres temas, en donde “Cartas desde el fin” se convierte en la joya de la obra, demostrando progresiones rítmicas muy interesantes y momentos muy bien logrados. Cobran vida los detalles, como los coros o los arreglos de percusión y se empiezan a intensificar los solos de guitarra. Con canciones como esta, una termina disfrutando verdaderamente el disco.

El arte de tapa también llama la atención. Nos recuerda a la película alemana de ciencia ficción, Metrópolis (1927), pero también al arte de tapa del libro La Rebelión de Atlas de Ayn Rand, inspirada en el art déco. Y es interesante porque en ambos casos, tanto en el largometraje como en la obra literaria, se hace referencia a sociedades fragmentadas que terminan disputando revoluciones de clases. Sin duda alguna, una muy buena elección, porque la idea del amor que nos cuenta la historia también puede ser vista como el deseo a la libertad, una lucha interna que refleja la lucha externa en un contexto en conflicto.