Paradise Lost en Uniclub: Los héroes del doom

Crónicas
Paradise Lost en Uniclub: Los héroes del doom
Texto: Carlos Noro | Fotos: Nacho Luandei

Con un gran disco los ingleses volvieron para probar porque son referentes ineludibles del estilo.

No es casual que desde el 2005 para acá Paradise Lost venga siendo una visita frecuente con shows que promedian como mínimo dos años de diferencia. Aquel año presentaron Paradise Lost el disco con el que comenzaron a alejarse de los sonidos electrónicos (con una influencia clarísima de Depeche Mode) para volver a mostrarse como una referencia ineludible del doom gothic (recordemos que junto a My Dying Bride y los primeros Anathema son los virtuales inventores del estilo). Esto de alguna manera los reconcilió con un público que tal vez los dejó de lado en esta búsqueda experimental (a pesar de que para nosotros fue una etapa muy interesante) y los trajo de nuevo a los sonidos más pesados. La excusa para esta nueva visita, que los mostró por primera vez en Uniclub, era la presentación de Medusa, sin lugar a dudas el disco más pesado y áspero de esta “nueva etapa” que progresivamente va incorporando más guiños sonoros a la primera época de la banda.

En este contexto desde el inicio del show la idea fue la de mostrar con claridad los contrastes sonoros que tiene la banda en su discografía, haciendo hincapié en la actualidad que propone Medusa. Con el contexto de un Uniclub colmado (lo cual da la pauta que alrededor de seiscientas personas es la capacidad que la banda congrega en argentina) el inicio fue con “From the Gallows” una de las canciones más ásperas y pesadas del reciente último disco. Si bien el sonido estaba lejos de acomodarse (desde donde nosotros estábamos ubicados, en la parte de atrás del recinto, luego el show culminó con un sonido aceptable) sirvió como muna buena muestra de que la actualidad del grupo propone gestos adustos y dientes apretados.  Fue claro el contraste de esta primer canción con la aparición de “Gothic” y en especial la de “One Second” y “Erased”. La primera es casi un testimonio histórico del inicio de la movida del doom gótico (principalmente por la interacción entre las voces de Holmes y las pistas con voces femeninas cuasi operísticas). La segunda y la tercera son fijas dentro del set de los ingleses para dar cuenta de la etapa más moderna y experimental que mencionábamos al principio sin ser de aquellas canciones que suenan más rupturistas. Todas se sostuvieron en los aportes de sonidos pregrabados que, desde las sombras, propuso Les Smith (ex tecladista de Anathema y Cradle Of Filth además de tour manager de esta gira) con maestría. En algún punto la interacción entre estos sonidos y la capacidad melódica de la banda una marca registrada de los ingleses tanto que es difícil pensar que el grupo no la incorpore en su propuesta en vivo y en directo.

“Enchantment” la única canción del genial “Draconian Times” que sonaría durante toda la noche fue todo un símbolo para lo que sucedería en el resto del show. Este sería el momento en que la figura Gregor Mackintosh comenzaría a agigantarse con claridad. Esta canción junto a “Requiem” y en especial “Medusa” sirvieron para mostrar la capacidad del violero para transitar esa particular mezcla entre pesadez, melodía y simpleza que es su marca registrada para convertirlo en tal vez el más identificable guitarrista del estilo. La última de las tres resultó uno de los momentos más contundentes del show generando una versión pesada, lisérgica, atmósferica  y épica dando la pauta de algo que se venía percibiendo: el grupo está muy contento con su actualidad y disfruta mucho de recorrer su nuevo material, algo no muy frecuente dentro de las bandas que nos visitan.

Esa “alegría” de la que hablamos, tal vez haya sido unas de las cuestiones más evidentes en la actitud de Nick Holmes a lo largo de la noche. Conocido por su irascibilidad (en la visita anterior se lo había percibido bastante quejoso) esta vez estuvo muy metido en las necesidades de cada canción al punto de que “An Eternity of Lies” y en especial la genial “Faith Divides Us - Death Unites Us” encontraron una oscura belleza en su interpretación. Sin dejar de lado su oscuro sentido del humor (sobre el final llegó a bromear con lo lento que toca la banda) fue uno de los artífices para que la diversidad de pesados climas tomaran presencia durante la noche dando la pauta de que cuando está en un buen día la propuesta general de los ingleses sube varios puntos.

“Blood and Chaos” otras de la de Medusa encontró una inesperada hermandad entre aspereza melodía y gancho con el clásico “As I Die” obligando junto a las hiper densas “Beneath Broken Earth” y “Embers Fire” a que la banda mostrara su versatilidad a la hora de generar oscuridad y pesadez. En este sentido tanto las figuras de Aaron Aedy en guitarra rítmica y de Stephen Edmondson en bajo, fueron claves a la hora de sostener sonoramente la propuesta. El aporte del joven  Waltteri Väyrynen en batería (también parte del proyecto paralelo  de Mackintosh enfocado al death metal llamado Vallenfyre) también se pudo percibir con claridad: seguramente en función de esta actualidad en que la banda apuesta a un sonido más pesado y orgánico, tener detrás de los parches un baterista que viene del metal extremo (además de tener un golpe bien técnico) termina por construir un sonido bien pesado y ominoso. Esa tal vez sea la mejor definición de lo que propuso a lo largo de la noche.

A la hora de los bises tres canciones, que sirvieron de síntesis para lo que sucedió a lo largo de la noche, fueron de la partida. La oscuridad y densidad de “No Hope in Sight” (una de las mejores de esta última época) junto a “The Longest Winter” (una de la más densas y pesadas de Medusa) contrastaron con un oscuro sentido del humor con “Say Just Words”, lo más cercano a un hit que lo ingleses alguna vez tuvieron. Despedida y la sensación de haber visto una de las presentaciones más compactas de Paradise Lost en Argentina. Tal vez en un par de años los tengamos de nuevo.

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