Killing Joke en The Roxy Live: Más allá de la risa

Crónicas
Killing Joke en The Roxy Live: Más allá de la risa
Texto: Carlos Noro

“Reíte de tu peligro” fue el nombre que los Killing Joke eligieron para celebrar sus cuarenta años con su primera visita a Latinoamérica, una denominación para nada casual si pensamos en lo que sucedió a lo largo de las diecinueve canciones que atravesaron con fuerza y determinación un The Roxy bien lleno, algo no menor en los tiempos que vivimos.

A drede  (y en eso ellos mismos son los principales responsables) Killing Joke no es una banda para nada fácil de definir. Arrancaron con una fuerte impronta post punk pero luego fueron endureciendo su sonido al punto de ser una de las grandes influencias del rock industrial. La última etapa de su carrera coincide con una profundización de ese sonido duro hasta construir un magma crudo y agresivo en la que un caos ordenado sostiene las canciones. Despertar conciencias parece ser uno de los grandes objetivos de los de Notting Hill y lo hacen sin preocuparse por los métodos.

Contra todos los pronósticos, luego de una larga intro el show dio inicio con “Love Like Blood” tal vez la primera canción que puso a la banda en consideración del público masivo a mediados de los ochentas con el álbum “Night Time”. La decisión de incorporar una canción que tranquilamente puede cerrar el show fue efectiva. En cuestión de segundos más de la mitad de The Roxy estuvo saltando y cantando como si se acabara el mundo. La banda, por su parte, empezó a construir una arquitectura musical que fue sosteniendo de manera admirable. En este punto a nivel instrumental las canciones funcionan de manera camaleónica transitando distintos estados: en algunos momentos hipnóticas y lisérgicas, en otros con ritmos tribales y casi siempre con algo bailable sin por ello resultar pasatistas. Las canciones de K.J. tienen contenido y ellos mismos saben que dar cuenta de ello es una parte fundamental de su propuesta.

En este punto la figura de Jaz Coleman tal vez sea la que más cobra fuerza para vehiculizar la dimensión de crítica social que tiene la banda. Con una performance que deambula entre lo teatral y lo punk es bien evidente su preocupación por que cada canción esté acompañada por una proclama que dé cuenta de la realidad que vivimos. Por eso no sorprendió por ejemplo que antes de “Autonomous Zone” incitara a que los presentes participaran del paro que se venía el día posterior, dando inicio a una serie de proclamas que acompañaron a casi todas las canciones. Todas podrían ser citadas, pero en especial fue interesante su reflexión sobre las fallas del sistema capitalista antes de “New Cold World”, sobre la crítica a los partidos políticos en “Follow the leaders” y la curiosa dedicatoria a Simon Bolivar en “Loose Cannon”. Charlando con algún colega nos enteramos que su profesión paralela (compositor clásico aunque sea increíble) lo ha traído muchas veces a Sudamérica por lo que nuestra realidad no les es ajena (cuando lo contrario es bastante frecuente en las visitas internacionales).

Si bien todo el show tuvo una intensidad sostenida, tal vez  la oscuridad de “Requiem” y la intensidad hipnótica de “Butcher” hayan sido las que mejor dieron cuenta de cuáles pueden ser algunos extremos por los que suele transitar la banda. La última parte del show en cambio mostró su cara más cruda y mordaz. “Tenés que pagar el alquiler, no tenés un mango. Te drogas, escabias y te metés en un laberinto denso y pesado” dijo Jaz antes de la intrincada “Labyrinth”. Más tarde “Asteroid” mostraría la posibilidad de la destrucción de la civilización dejando para los bises la idea de una posible distopía. Fue imposible pensar de manera separada “Primitive”, “Wardance” y “Pandemonium” que en el cierre funcionaron casi como una unidad. La sonrisa final de Jaz Coleman dejó de manifiesto la broma macabra. Si el mundo no cambia va camino a la destrucción. Tal vez debamos dejar de reírnos del peligro y encontrar la manera de transformar nuestra manera de vivir. Allí tal vez esté la respuesta.