Noiseground Festival con Eyehategod, Soldati, Altar y Hueso en The Roxy: Un mundo de sensaciones

Crónicas
Noiseground Festival con Eyehategod, Soldati, Altar y Hueso en The Roxy: Un mundo de sensaciones
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Los de NOLA concretaron una de las visitas más esperadas del año con un acompañamiento a la altura de las circunstancias.

Tal vez la principal imagen que sirve para definir el show de los Eyehategod tiene que ver con el inicio del show. Con cierta parsimonia (en especial por parte de Jimmy Bower que se calzó la guitarra con un vaso de birra en una mano y mucho humo en los pulmones) la banda estuvo alrededor de dos minutos tirando acordes, gesticulando, haciendo gestos y saludando a la gente hasta que en algún momento decidieron arrancar.  Esta actitud campechana fue la que acompañó al barbudo durante toda la noche, sin que eso le reste ni un milímetro de efectividad. Cuando uno escucha su sonido de viola, gordo, denso y pesado es inevitable recordar todo aquello que vio Phil Anselmo cuando se decidió a hacer Down. Por sobre todas las cosas en vivo Bower demostró ser un guitarrista efectivo y atento a las necesidades de cada canción: cuando el grupo decidió atravesar caminos densos, pesados y pantanosos allí estuvo. Cuando hubo que pelar riffs con adn sureño y blusero también logro concretarlos y cuando fue preciso desatar la furia hardcore también supo encausar las canciones. Todo eso con una sonrisa inigualable y dando la sensación de disfrutar como un pibe cada una de las canciones que sonaron durante la noche.

Sin pretenderlo Mike Williams funcionó como contrapeso de la actitud estática y riffera de Bower. Si lugar a dudas la única manera de definir su desempeño en vivo es la de ligarlo a una experiencia catártica. Tal vez por eso grita como si sus pulmones fuera a salir de su garganta llena de sangre, revolea el pie del micrófono, se envuelve el cuello con el cable y mira al público de manera desafiante. Cada canción parece la última y tal vez luego de su problema de salud (un trasplante de hígado lo salvó milagrosamente de la muerte) seguramente siente que no tiene nada que perder. Su performance fue extrema, dramática e imponente.

Gary Mader desde el bajo y en especial la de Aaron Hill en batería fueron quienes contribuyeron a que la densidad, la pesadez, la rabia o la velocidad de las canciones; encontraran sus explosiones justas. De alguna manera el primero de ellos tuvo la compleja tarea de sostener el andamiaje sonoro y cacofónico desde las cuatro cuerdas. El sonido profundo de su bajo tal vez haya sido una de las cosas más icónicas de la noche. Lo de Hill detrás de los parches fue sencillamente bestial pero tuvo especial brillo cuando ensayó la faceta más percusiva. Allí el grupo encontró una variedad de atmósferas siempre pesadas y extremas que al ver en vivo uno entiende porque funcionan como marca registrada de su propuesta.

En este contexto con un sonido filoso, sucio y por momentos brutal, los de Nueva Orleans dejaron un puñado de canciones que sirvieron como una descarga de rabia para un público realmente enganchado con la primera visita de los muchachos a argentina. Podríamos mencionar “Medicine Noose” o las más extremas “Revelation/Revolution”, “Take As Needed” For Pain” o “$30 Bag” como algunas de las canciones que resaltaron dentro de un set donde no hubo momentos de descanso y en donde la desprolijidad es parte de fue parte intregral de de lo sucedido. Tal vez por eso “New Orleans Is The New Vietnam” rebautizada convenientemente “Buenos Aires Is The New Vietnam” sea la síntesis perfecta de este show: la banda de sonido perfecta para tiempos turbulentos en la que la orquesta es densa, pesada, pantanosa pero sobre todas las cosas, real.

Calentando el ambiente: Las dimensiones de lo pesado.

Temprano y desgraciadamente casi sin gente, los muchachos de Hueso dieron un show en donde quedó claro que lo suyo tiene base en hardcore old school pero no tiene miedo a mezclarse con influencias punks y heavys. El resultado es un claro mensaje de contenido social (La lucha por la igualdad, la denuncia contra la alienación, la explotación de los gobiernos, etc.) que en canciones como “En el fuego del poder” suena filoso y extremo. Con una interesante mezcla entre pasajes percusivos y voces bien gritadas, la gran virtud de los muchachos fue la de no amedrentarse por un The Roxy que recién abría sus puertas. Tocaron como si estuviera lleno, lo que seguramente fue una victoria para ellos y una lástima para quienes se los perdieron.

Altar tuvo su noche soñada más que nada porque, sin lugar a dudas, son ellos quienes mejor emulan aquello que EYG hace en argentina. No por nada resultó muy gratificante verlos luego, a lo largo del set de los de NOLA, disfrutando desde el costado del escenario el desempeño de aquellos que seguro han escuchado por mucho tiempo. Su set fue todo lo extremo, denso y pesado como acostumbran. Bien por ellos.

Soldati es el proyecto más pesado y riffero que Sergio Ch puso en funcionamiento en su era post Natas y tal vez el que más se emparenta con ellos: si hay algo que define a canciones como “Los secretos de Shiva” o “Whisky Negro” o en especial “Solar Tse” es que están estructuradas sobre una serie de riffs hipnóticos y pesados que marcan con decisión el pulso de las canciones. Tal vez por eso, la inclusión de “Las Campanadas” de Los Natas resulta acertada en el contexto de una serie de canciones que no tienen miedo de transitar estados de pesadez cuasi doom o de atmósferas heavys en donde el bajo distorsionado de Lucas Cassinelli cobra protagonismo. Con un sonido bien alto y algo estruendoso, la gran novedad de la noche fue la inclusión de gran ladero post Natas de Sergio, Alfredo Felitte, en un sorpresivo reemplazo del anterior baterista Ranz lo que generó una versión algo más cruda de la banda. Veremos como siguen tomando forma.

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