Los Violadores en el Gran Rex: Víctimas de la propia historia.

Crónicas
Los Violadores en el Gran Rex: Víctimas de la propia historia.
Texto: Carlos Noro | Fotos: PABLO AHARONIAN/SUD AMERICA LATINA PRODUCCIONES

A pesar de tener la mejor producción de su carrera (impecable el trabajo previo, la gráfica y las ediciones del Luna Park en distintos formatos) la formación histórica de la gran banda punk argentina no pudo evitar la confrontación de egos. Esta es la crónica.

La idea de que Los Violadores estuvieran en el Teatro Gran Rex era atractiva principalmente porque sacaba de contexto tanto a la banda como a su público. Para el grupo  era la posibilidad de tocar en un lugar con un gran sonido y con la posibilidad de manejar una interesante producción de escenario y luces. Para el público la cosa era más desafiante principalmente porque proponía que el show se diera en un espacio con butacas, acomodadores y alfombras; algo bastante alejado de la idiosincrasia punk. Esa bien entendida tensión, fue evidente desde el momento en que la gente empezó a colmar el Teatro. En la espera se cantó como si se estuviera en un estadio, pasando por todas las temáticas (aliento a la banda, puteadas al gobierno actual) mientras que el baño fue sede de la previa (con humo y otras sustancias) sin por ello resultar ni caótico ni exageradamente disruptivo. Seguramente haya sido raro para quienes trabajan en el Teatro pero no mucho más que eso. Al contrario de lo que suele pasar esta vez los acomodadores solo actuaron cuando algunos (al menos en el piso de abajo muy pocos) se subieron a alguna butaca para acompañar alguna canción. Desde el punto de vista del público no hubo ningún tipo de manifestación más allá del fervor acostumbrado. La idea era divertirse y eso se notó con claridad.

Para la banda,  el comienzo del show dio la pauta de que la noche no iba a ser fácil. “Nada ni nadie nos puede doblegar” mostró a Stuka, Gramática, El Polako y Pil junto a un cuarteto de cuerdas mientras la soprano Oriana Favaro intervenía vocalmente sin que su voz se escuchara con claridad. Contra lo que uno puede esperar en el Gran Rex (nitidez y claridad incluso para una banda con sonido sucio como Los Violadores) el sonido no logró acomodarse, algo que afectó al desempeño general de todos los que estaban en el escenario pero fue más evidente en la figura de Gramática que pareció fuera de tiempo en varios momentos de la canción.

El gran inconveniente fue que las siguientes canciones sufrieron un problema similar. Sin un sonido claro aunque si estruendoso, por momentos el grupo pareció estar perdido en la desprolijidad (no la cuota histórica y bien entendida cuota de desprolijidad punk sino aquella que hace que todo se complique) o peor aún, tocando las canciones con ánimos distintos. Esto fue muy evidente en la interacción ente Stuka y Pil Trafa. Mientras el primero insistía en acelerar las canciones, el segundo proponía momentos de interacción con el público incluso yéndose a los costados y subiendo las escaleras que conducen al primer piso. A medida que fue transcurriendo el show esta tensión se hizo bien evidente al punto de que cuando Pil hacía algún comentario sobre la actualidad política Stuka respondía otra cosa o tiraba algún acorde, una situación bastante extraña para un grupo que parecía haber cerrado estas cuestiones conflictivas hace años.

Si bien canciones como “Más allá del bien y del mal”, “Al Borde del Abismo” y “Zona Roja” sonaron convincentes, lo cual no parece casual si pensamos que las tres tienen un ADN más cancionero o post punk que obliga a bajar las revoluciones, “Sentimiento Fatal” fue caótica porque incluyó un evidente pifie en la letra por parte de Pil que Stuka hizo aún más evidente, lo que tal vez haya generado aún más malestar en los cuatros protagonistas.

La última parte del show, pensada para que la banda interactúe con los invitados y culmine con algunos clásicos no hizo más que potenciar los pifies, reclamos y conflictos entre los integrantes. La reaparición de Favaro para cantar en soledad “Tiempos de acción” (canción que la banda tocaba por primera vez en vivo) fue simplemente desconcertante al punto de que en ningún momento quedó claro que quiso hace la banda tocando la canción con ella en soledad. “Solo una agresión” en la que Pil intentó un dueto, sumó más caos al punto de que no quedó claro si el grupo ensayó lo suficiente para lograr una interacción tan exigente como esta. “Chicas de la calle” siguió en la misma senda. La sensación en general, si además mencionamos que la orquesta de cuerdas parecía también perdida y sin saber que hacer es que este formato no favorece para nada a una banda como Los Violadores.

A la altura de “Violadores de la Ley” y “Mercado Indio” ya era evidente el malestar entre Stuka y Pil mientras Gramática y el Polako (tal vez quien mejor sorteó todo lo que sucedió durante la noche) trataban de disimular que había más ganas de terminar el show que de continuarlo algo que fue evidente cuando un didgeridoo se sumó a “Beat Africano” (allí incluso hubo una extraña puteada a Los Fabulosos Cadillacs) y el saxo hizo lo mismo en “Espera y verás”. La sensación es que los momentos no fueron ensayados con la antelación suficiente, lo que fue una explicación clara de semejante desconcierto.

“Viejos patéticos” terminó siendo la canción que dio cierre a un set extremadamente caótico y desprolijo. La primera situación extraña fue que a pesar de ser anunciada por Pil, Stuka decidió comenzar los acordes de “Represión”. El resto de los músicos se miró y sin muchas ganas tocó una versión muy festejada por el público pero muy deslucida. Minutos después, los bises mostraron una de las situaciones más bizarras de los últimos años: Stuka solo con su guitarra pidiendo un baterista y tocando ahora si “Viejos patéticos”. Cierre de telón sin saludo final y sin “1,2 Ultraviolento”, una verdadera injusticia y hay que decirlo, una falta de respeto para un público que había esperado con ansias esta nueva fecha que tenía todo para ser histórica y lo fue pero de un modo inesperado. Veremos qué pasa ahora.