Con Pedro Dalton de Chillan las Bestias y Buenos Muchachos: Un amor en cada puerto

Entrevistas
Con Pedro Dalton de Chillan las Bestias y Buenos Muchachos: Un amor en cada puerto
Texto: Facu Llano. Edición: Carlos Noro | Fotos: Martín Darksoul

Hablamos con el líder de Buenos Muchachos y Chillan las bestias sobre su próxima presentación y de como es mantener una doble vida en dos países.

Si tuviéramos que definir un personaje para Pedro Dalton tranquilamente podríamos nombrarlo como  una especie de Dr Jekyll y Mr Hyde. Nos encontramos en un bar de Montevideo, el día después que Buenos Muchachos sea la banda apertura del show de Nick Cave en Montevideo. Por trayectoria y sentido común, no había otra opción posible. La gente respondió acercándose a verlos con el mismo entusiasmo que al australiano. Hay algo claro: hay una especie de orgullo especial del montevideano para con los Buenos algo que se nota con claridad cuando uno los ve en vivo. 
Su personalidad es cálidamente uruguaya, tirando latiguillos típicos como “bo” y “ta” y adoptando el ritmo de la ciudad. Pero cuando esta en Buenos Aires puede ser decididamente porteño, hablando sobre las calles de Buenos Aires como, a la manera de Luca Prodan, solo un extranjero porteñizado puede relatar de manera cruda e impresionista. Con la excusa de la próxima presentación de Chillan las bestias (El 27 de octubre en El emergente Abasto) nos juntamos para que nos cuente como es tener dos vidas paralelas.

Tocaron como acto apertura de Nick Cave y pensaba que a ustedes la gente les da carta blanca para hacer lo que quieran, como que esperan que sean raros.

Pasa que nosotros hacemos primero las cosas para nosotros, después para la gente. Como no podes pensar en todos, mejor pensar en vos y que salga lo que tenga que salir. Cuando la gente te ve bien a vos, te ve bien. Cuando ve que estas experimentando, se prende al experimento, además de estar acostumbrados. O sea, están acostumbrados, pero aun así los sorprende. Sino seria un embole. Ahora hicimos una gira por el interior y fue la única vez que hicimos un set y lo duplicamos en cada show, que también estuvo bueno.


¿Que se encontraron en el interior de Uruguay? Parece ser otro país.

Y, son ciudades chicas. No nos conocen mucho en el interior, no hay mucha cabida para una banda como nosotros, aun así, fue más gente de la que esperábamos. Alucinante. Y hay un cariño particular de la gente que no puede venir  a vernos a Montevideo.

Es llamativo del buen momento de los Buenos y tuyo particularmente que en los últimos 8 años, entre los Buenos y Chillan grabaste mas discos en ese tiempo que en los primeros 20 años de carrera.

Creo que las cosas llegan cuando tienen que llegar. ¿Me hubiese gustado sacar el “Amanecer búho” en el 94 y pegar de esa manera? Si, sin duda. Pero que suceda ahora es por algo. No somos una banda de tendencia, a la que se le pueda pedir un hit. No nos sale componer para llegar a tal lado. Cuando exploto el “Amanecer búho” acá nos preguntaba ¿Bueno, ahora que ven a hacer? Y nos daba un poco de miedo. Terminamos haciendo lo que hacemos siempre: hacer canciones y si gusta, gusta. Ahí empezamos a considerar que cada disco es un disco mas y no un logro groso. Un disco, ta. Vamos a seguir haciéndolos porque nos gusta componer, nos gusta tocar. Creo que ahora hay una unidad en la banda y unas ganas de trabajar que antes por ahí era más desbandado, más rock and roll. Antes nos costaba mas llegar a donde queríamos llegar, ahora estamos mas concentrados y es mucho mas sencillo.

Vos como escritor, ¿Cómo llevas la presión de llevar constantemente cosas para dos bandas y diferentes proyectos?


Pasa que la dinámica es diferente. Buenos Muchachos es mi banda, trabajo con ellos. Chillan las bestias es algo que me genera mucho placer, donde mis compañeros se la pasan trabajando, pero se tienen que adecuar a mi situación. Yo compongo una letra en base a la música entonces eso no me cuesta. Cuando estoy en Buenos Aires es solo Chillan las bestias. Al principio se me ocurrió la idea de escribir las letras de Chillan solo en Buenos Aires, y me resultó. Vivo acá, pero también vivo en Buenos Aires. A veces mas a veces menos, pero conozco la dinámica de Buenos Aires, sus barrios, sus movimientos, sus plazas, el tango.


En esa dinámica ¿sentís que hay un Pedro Dalton uruguayo y uno argentino?


Naturalmente. A mi me pasa que me voy a Buenos Aires y me olvido de Montevideo. Y me vengo a Montevideo y me olvido de Buenos Aires. Yo vivo en Buenos Aires; salgo, camino, me voy a un café y escribo, ensayamos, estoy con mi mujer. Llego y cambio el chip, me olvido de que es Buenos Muchachos.

¿Cómo te pega el hecho de que trabajando acá tenés una plataforma armada, contas con un público numeroso, tocás en lugares importantes, mientras que en Buenos Aires es todo más arrancar de cero?

Me genera cansancio (Risas). Porque te acostumbras a la comodidad, a que te carguen los equipos, esas cosas. Pero también es volver a esa pasión y esa dulzura que tiene la música al comienzo. Todos empezamos ahí, poniéndonos nerviosos, cargando equipos y tocando en lugares chiquititos. Chillan para mi es algo de amor puro, lo hago realmente porque me gusta. Con los Buenos estamos en un momento de disfrute de lo que generamos. Y con Chillan es solo música. Y amistad, charlas, divague. Estoy en una posición que puedo disfrutar ciertos gustos, como tocar con Nick Cave. Que los Chillan también consideraban que debíamos tocar con el allá, pero ¡ojo!, son otras dimensiones, necesitas un entrenamiento que Chillan considero que no tiene, y agradezco que así sea, porque me permite un montón de otras cosas. A mi Chillan me parece una banda alucinante, muy emocional y que te mueve por eso lado. No es tan técnica. Buenos es una banda re técnica, todos son increíbles músicos. Chillan también pero me siento mas parte de ellos.
 

En toda esa parte emocional, paso lo de Chacha (El guitarrista fundador que falleció el año pasado), pero ustedes siguieron tocando, grabaron un disco nuevo, reestructuraron la banda. ¿Cómo te pego eso?

Creo que la banda pudo canalizar el dolor, de la forma que Chacha quería, que era que la banda siga tocando. A Chacha lo salvaba la música. Le sacaba el dolor. Yo de alguna forma zafe porque estaba en Montevideo, pero los chicos estaban solos allá. Hicieron todo bien de verdad. Cancelamos un par de show pero hicimos el de Montevideo Sound City, que fue perfecta esa decisión. Todo lo que decidieran ellos, yo lo acataba. Porque eran ellos los que estaban trabajando con la banda. Yo voy y canto. Los que trabajan son ellos. Me parece justo de mi parte entregarles el timón. Ellos hacen brillar la banda.

¿Sentis que el disco nuevo refleja eso o te aíslas?

Si si, karmatizamos ahí. Sabíamos que teníamos que grabar. Cada peso que ganábamos lo invertíamos ahí. Le teníamos que dar lugar a Luis, que tocaba con el Chacha y el mismo quería que fuese el quien se haga cargo. Todavía no terminamos. Grabamos unas siete canciones y faltan un par más. Nos agarró emocionalmente bien parados, hiper lucidos. Nosotros estamos contentos porque el Chacha está. Muchas de las canciones que grabamos habían sido maqueteadas con Chacha, ya las tocábamos en vivo. Lo bueno es que Luis pudo meter un par de canciones, tuvo tiempo de acoplarse y tocar a su manera. Esta no es una banda de guitarras. La guitarra hace algo muy preciso en el momento justo y eso Luis entendió como era.

¿Nunca te metes en la parte estrictamente musical?

Nunca me sentí cómodo ahí. Me doy cuenta que los otros escuchan cosas que yo no me doy cuenta.
Por ahí en Buenos digo “Aca estaría bueno tal cosa”, que es algo que había perdido. Lo que buscamos es sacar las canciones del lugar de confort y llevarlas a otro lugar. En esos lugares se me ocurren ideas que a veces quedan y otras no. Yo considero que mi rol es cantar y hacer letras. En los Buenos, el Topo y Marcelo, y ahora un poco más el Negro, son los que se encargan de eso. En Chillan es Franco, que siempre hace algo raro y diferente, y me copa.

¿Qué te pasa cuando tener que cantar canciones viejas que son icónicas? ¿Te reconoces ahí?


Si. A veces se me escapa pero muchas veces se da una relectura. A veces canto “Cecilia”, que es una canción que grabamos en el 98 y me erizo todo. Pero tocamos los que nos gusta y con Buenos, que tenemos ciento y pico de canciones, vamos variando los shows. Hay clásicos como “He never…” que la podemos dejar afuera si queremos. Y otras que no son hits pero que están siempre como “Temperamento” que es un momento muy fuerte donde pasan muchas cosas. O “La langosta” que cada vez que la tocamos me emociono. O sea si tocamos dos noches seguidas, cambiamos diez canciones mínimo. Nos gusta generar cosas, hacer shows temáticos, cambiarle la onda a la gente. O sea, nosotros hacemos shows con temática invernal, y la gente viene en modo invierno. Seteas a la gente. Y los días son importantes. Los viernes la gente esta mas sacado que un jueves y un sábado. Entonces el viernes podés hacer dos cosas; seguir ese viaje o hacerlos caer. Es divertido ese juego.  Y en general tenemos un publico que va a escucharnos. Siempre hay algún sacado, pero tenemos un publico muy respetuoso. Ayer viste que antes de Cave hicimos este show raro, como apertura, y podías susurrar que nadie decía nada. El público uruguayo es así en ese sentido, mientras que el argentino es muy de acompañar la emoción, de cantar. Acá es como un público más de teatro, que paga para escucharte a vos. Incluso en los festivales, como el Montevideo rock que había un mar de gente y estaban todos escuchando. Y por ahí solo el treinta por ciento nos conoce o les gusta lo que hacemos, pero todos escuchan.

Después de tantos años ¿siguen poniéndose metas u objetivos a cumplir? ¿Qué les queda por hacer?

Nosotros tenemos veintisiete años. Hemos fracasado y aprendido a fracasar, entonces tratamos de ponernos objetivos que sean totalmente manejables. Y los que no, tenerlos como una opción. Vivir el presente es lo mejor. Nos gustaría girar, tocar en otros países. También entender que estamos en una edad que necesitamos ciertas comodidades. Nos encantaría girar por Argentina, no solo Buenos Aires. Viajar por el viaje. Une mucho viajar.