At The Drive In en el Teatro Flores: La teoría del caos

Crónicas
At The Drive In en el Teatro Flores: La teoría del caos
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Era esperable que una banda inclasificable como At the Drive In (a la que muchos se empeñan en ubicar dentro del post hardcore) también generara un presentación en vivo difícil de definir, sin dejar de lado los desafíos lógicos para un grupo en donde el caos y la crudeza son partes fundamentales de su propuesta. La noche del martes dio muchas certezas sobre estas cuestiones.

Un Teatro Flores lleno y  un público mayoritariamente joven dio la pauta de que el género que mencionamos tiene una gran actualidad en el país, por lo que la cantidad de entradas vendidas no es casual: ATD es uno de los Black Sabbath del género y una figurita difícil principalmente porque estuvieron separados largo tiempo y generaron proyectos como The Mars Volta que incluso tuvieron mucho más éxito comercial. Seguramente verlos en vivo no haya sido una experiencia más para unos cuantos y eso justifica que en tiempos de vacas flacas, Flores luciera como en sus mejores momentos.

Nombrábamos caos y crudeza como dos adjetivos evidentes en la propuesta de ATDI y no nos equivocamos. Desde el inicio del show, el grupo liderado por Cedric Bixler-Zavala y Omar Rodríguez-López eligió hacer hincapié en esos adjetivos por sobre otros que pueden ser adheridos a su música. Si bien muchas de las canciones proponen acordes inusuales, progresiones complejas y cambios frecuentes de ritmos, también dentro de ellas hay interesantes momentos de experimentación progresiva y calma, faceta que lamentablemente,  no trascendió  con tanta claridad en las canciones elegidas para esta visita. Un show físico, explosivo y sanguíneo, tal vez sea la mejor manera de definir lo que se vivió en la noche de Flores.

“Arcasenal” fue el comienzo de la noche. Con ella el impacto sonoro fue evidente: todos los instrumentos se escucharon en un volumen altísimo, con una pérdida de nitidez notable. Tal vez por eso el trabajo en Tony Hajjar tras los parches fue uno de los puntos más altos de la noche generando una presentación, extrema, precisa y matemática dando la pauta de que mucho de lo que sucede en escena tiene que ver con su capacidad de generar quiebres y requiebres con métricas imposibles.

Si decimos que Hajjar fue uno de los sostenes instrumentales de la noche, en seguida debemos mencionar lo que sucedió con Bixler-Zavala sobre el escenario. Mientras sus compañeros lucían estáticos (en especial llamó la atención esta característica en su co equiper Rodriguez Lopez) él no paró de moverse espásticamente a lo largo de cada canción. Entonces a lo largo de la noche saltó, bailó, revoleó los micrófonos y el pie del micrófono (al que incluso levantó con los dientes), se acostó al piso, se arrojó al vallado, agarró a los fotógrafos y patovicas e incluso llegó a tirar al piso una caja de viola. Casi todo lo que sucedió  en el escenario tuvo que ver con su impronta y esto siempre transitó un peligroso filo de cornisa. Por momentos ese despliegue físico hizo que su voz quede perdida entre tanto frenesí corporal, al punto de que cuando se tomó pequeños descansos para algunas canciones más climáticas, las canciones lograron un interesante contraste entre explosión y tranquilidad.

De alguna manera el mismo transcurrir del show fue generando que la performance sea cada vez más extrema en cuanto a sonido y actitud. Si bien como decíamos Rodriguez Lopez decidió no realizar una performance física, su aporte fue clave para que los saltos, movimentos  hiperquinéticos y arritmicos de Cedric Zavala, tuvieran sentido sin por ello estar realizando su presentación más inspirada desde el punto de vista emocional.  Es bueno aclarar que esto que decimos en canciones como los de ATDI se nota poco, principalmente porque el nivel de complejidad de las mismas hace que de mínima haya un despliegue y un esfuerzo sobre el escenario más que interesante.

En este sentido tanto Paul Hinojos desde el bajo como Keeley Davis (reemplazante del histórico guitarrista Jim Ward) complementaron perfectamente lo que sucedió con la dupla protagonista. El primero aportó serenidad, solidez y  contundencia. El segundo fue bien consciente en su labor de soporte sonoro, aportando coros, melodías de viola y despliegue para que todo suceda en carriles aceptables.

Si bien cada canción fue festejada por un público hiper fan, resultó claro como  canciones como “Enfilade”, “Napoleon Solo” y “Catacombs” encontraron una mejor respuesta por parte del público por un par de razones concretas. Primero y principal fueron algunas en las que el despliegue físico se vio aumentado hasta límites extremos. En segundo término, a esa altura estábamos en el piso de arriba del Teatro Flores, donde el sonido mejoró radicalmente con relación al piso de abajo.

Con un solo bis, la esperada “One armed scissor” fue el cierre para un show que pasó estruendosamente volando durante poco más de una hora. Intensa, física, caótica, es la manera de entender la música que propone ATDI. Música y show inclasificable. Solo para entendidos.

, , ,